Don Constantino Bravo Huitzimengari es uno de los grandes personajes de la historia colonial tarasca. Fue un nieto del último rey o “cazonci” de los tarascos, mientras por el lado materno descendía de distinguidos linajes nahuas michoacanos. Fue cacique y gobernador de Pátzcuaro durante muchos años, así como juez “conservador” de las congregaciones de pueblos.
De manera muy inusual, tuvo un desempeño público fuera de la provincia: contrajo matrimonio con doña Agustina de Chilapa, cacica de Texcoco (o sea, la heredera de uno de los grandes reinos mesoamericanos), y fue en varias ocasiones gobernador de Coyoacán y Xochimilco, dos de las “repúblicas” más importantes del valle de México. Tuvo asimismo influencias en la corte virreinal y el favor de personalidades españolas, como el cronista y juez de congregaciones Baltasar Dorantes de Carranza. También tuvo trato frecuente con intelectuales como el historiador texcocano Fernando de Alva Ixtlilxóchitl. Se preocupó por dejar una gloriosa memoria de la extensión del antiguo reino michoacano, así como un ambiguo relato de la manera en que los españoles habían tratado a sus aliados nativos. También, a la manera de los grandes patronos y mecenas, financió la construcción y decoración de una capilla en la ciudad de México, donde reposaron los restos de sus descendientes.
Tuvo don Constantino un papel importante en la transición de la sociedad y el gobierno indígena hacia formas de organización propiamente coloniales, que dejaron atrás los remanentes de la tradición señorial que venía desde la época prehispánica. Todavía fue de los caciques que gozaron del derecho de gobernar a los suyos, cosa que ya no pudieron conseguir sus sucesores en el cacicazgo. Quizás por esto en los documentos escritos en tarasco aun se le llama irecha, lo cual equivaldría en español “rey” o “señor” (aunque éste era un título que la Corona había expresamente prohibido para los nobles indígenas). En el Valle de México se le llamó con el nombre equivalente de tlatoani.
Don Constantino fue el último de los irecha; los sucesivos gobernadores de Pátzcuaro fueron llamados simplemente con el nombre español de su cargo.
(Nota: Este texto es parte de un trabajo en preparación que espero entregar a publicación el próximo año)
3 Septiembre 2008 at 22:58
Parece que Dorantes de Carranza era toda una fichita, a lo mismo que Suárez de Peralta, primeros criollos que trataron de tener los pelos de la burra en la mano.
Me interesaría entender la manera en la que se relacionaron personas con ese linaje como don Constantino, con los hijos de los conquistadores. Por cierto, Dorantes fue hijo de uno de los acompañantes de Cabeza de Vaca en su alucinante naufragio.
Otra cosa era ese mundo.