Los estudios realizados por diversos historiadores en las últimas dos décadas han modificado sustancialmente nuestra concepción de la economía indígena. Le han devuelto su carácter cambiante, porque la imagen de  sociedades que permanecieron iguales a sí mismas a través de las décadas y los siglos, no era más que un prejuicio guiado por continuidades aparentes.

No puede ya sostenerse la visión de una actividad económica indígena invariablemente restringida al ámbito local, de autoconsumo. Por diferentes vías, los indios estuvieron integrados en la vida económica, ya fuese como trabajadores, como consumidores de mercancías o como contribuyentes fiscales. Puede comprobarse que muchas veces participaron activamente como productores independientes, vinculados al mercado, de manera individual o corporativa. Aprovechaban ciertas ventajas relativas: no tenían que pagar salarios, estaban exentos de muchos impuestos y tenían acceso a tierras, aguas, bosques y otros valiosos recursos.  Es posible afirmar, incluso, que estas actividades contribuyeron a sostener la integridad y la supervivencia de la sociedad indígena colonial. Y así fue hasta que la combinación de cambios estructurales con la intervención gubernamental en los recursos comunitarios afectó gravemente su capacidad productiva y la condición social de la población nativa.

(Tomado de de mi artículo sobre “La sociedad indígena colonial”, en la Historia económica general de México. De la colonia a nuestros días, Sandra Kuntz (coord.), México, El Colegio de México – Secretaría de Economía, 2010,  de reciente aparición.

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