Acaba de salir en la revista Cuadernos de Historia (no. 57, 2002), de la Universidad de Chile, mi artículo sobre «Los indios leñadores, madereros y carboneros en la sociedad novohispana». Este texto se ocupa de los indios que proveían madera y el indispensable combustible a las ciudades y reales de minas de la Nueva España. Era en apariencia un trato modesto, pero indispensable para las industrias y el uso cotidiano; su escasez o carestía llegaba a preocupar a los ayuntamientos y oficiales del rey. 

El artículo aborda las características y condiciones de la producción de estos bienes, el movimiento de las mercancías, el ir y venir de hombres entre remotos pueblos y los mercados urbanos, y las inevitables desigualdades que implicaba la relación entre campo y ciudad. 

Para leer y «descargar» el texto completo, acuda aquí.

El texto es parte de un «dossier» sobre «Articulación, derroteros y confluencia de los indios entre el mundo rural y el urbano (Virreinatos de Nueva España y Perú)», coordinado por Teresa Vergara, Xochitl Inostroza y Marina Zuloaga.  Vea la presentación general aquí.

Una versión preliminar del texto fue presentada en el seminario «Sociedad Indiana», en noviembre de 2020.

 

 

 

https://cuadernosdehistoria.uchile.cl/index.php/CDH/article/view/68831

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Hay una anécdota popular que puede o no ser cierta sobre que Isaac Newton concibió la ley de la gravedad cuando vio caer una manzana bajo el árbol en que estaba sentado. No nos consta el hipotético desarrollo del pensamiento del célebre físico, pero podemos suponer que se preguntó porqué las manzanas no caen hacia arriba. La respuesta, claro, es que hay una fuerza que las atrae, que puede ser adecuadamente calculada, medida y aplicada a todas las cosas, incluso al conjunto del universo. Es un buen ejemplo de lo que a veces se ha denominado pensamiento paradójico, que al parecer tenemos de niños (en la «edad de los porqués») pero acabamos por perder con el decurso del tiempo, cuando nos habituamos a la realidad y la consideramos «normal». Llevado al ejemplo inicial, la pregunta de Newton (si es que se la planteó así) habría sido considerada como ridícula o sin sentido por otras personas, que la habrían descartado con un «así es» o «así siempre ha sido» (o, en la interpretación religiosa, «porque Dios así lo dispuso»). Lo que vivimos cada día, acaba por ser opaco, casi invisible. Solamente lo notamos cuando cambiamos bruscamente de entorno, cuando nos convertimos en «extranjeros» (una voz que bien vale la pena notar proviene del latín extraneus, y que también nos dio «extraño»)

En realidad, en las ciencias sociales (y en parte de las humanidades) la pregunta inicial frecuentemente es la misma. Comenzamos con un «porqué» de lo cotidiano, y nos preguntamos la razón de que no sea de otra manera.  ¿Porqué, por dar un ejemplo banal, no vamos por la izquierda al circular por las calles (como, por cierto, ocurre en algunos países? O para poner interrogantes más generales ¿cuál es la razón por la que  la actitud de la población frente a normas y reglamentos no es la misma en México (donde tendemos a pensar que son «negociables») que en Chile o Japón?

Lo mismo puede plantearse en temas más «serios». Por ejemplo, en un asunto que me ocupó durante un tiempo fue el de porqué los hombres se rebelan contra la autoridad y el orden social, con los grandes riesgos consiguientes personales consiguientes. Es un tema que ha generado una amplia bibliografía sobre el tema. Pero, por otro lado, hay una contraparte menos atendida. En efecto, todas las sociedades (desde el neolítico al presente) han sido en mayor o menor grado desiguales, y han tenido distintas limitaciones a la libertad individual. A veces, en el pasado, estas restricciones fueron particularmente visibles, incluso brutales, al menos desde una sensibilidad contemporánea. Sin embargo, los hombres no estaban en constante protesta y rebelión. ¿Porqué era así? En realidad, la «normalidad» es un problema digno de análisis, aunque no atraiga a tantos autores y lectores.

Ya apareció mi artículo sobre «‘Unos empleos públicos de particular confianza’: Losensayadores de cajas reales en Nueva España, 1521-1783″, publicado en Temas Americanistas (Universidad de Sevilla), no. 48. 2022.

El artículo estudia la labor de los ensayadores de las cajas reales de la Nueva España en el periodo en que fueron parte de los oficios «vendibles y renunciables». Estos oficiales se encargaban de hacer constar la ley (o sea su contenido intrínseco en metales preciosos) de las barras de plata y tejos de oro que les traían los mineros y mercaderes. Una vez cumplido este requisito y pagadas las correspondientes contribuciones, podían emplearse en transacciones mercantiles o la acuñación de moneda. De aquí el interés de las elites locales en que los ensayadores fuesen capaces y de su confianza.

Sea por las consecuencias y experiencias de las pasadas conmemoraciones, algún cambio en las preferencias institucionales o una evolución de conceptos en el gremio, la divulgación de la historia ha cobrado nuevos bríos. Había sido una especie de subproducto incidental, al que no se hacía mucho caso ni tenía en cuenta a la hora de las evaluaciones.

Las recientes modificaciones al Reglamento del Sistema Nacional de Investigadores, que consideran relevante lo que vagamente se denomina «difusión y promoción del acceso universal al conocimiento» (art. 37-IV)  puede que también influyan en este sentido. En la última promoción se vio que no se trata de una declaración genérica sino de un propósito exigido muy concreto, cuyo incumplimiento puede tener serias consecuencias.

Como quiera que sea, en los últimos tiempos son muchas las instituciones que han presentado sus proyectos en este sentido, en que han participado destacados autores con resultados  a veces muy interesantes y en ocasiones con bastante éxito editorial.

El problema es que continuamos atenidos a la edición impresa, cuando hoy día «divulgación» debería ser sinónimo de «edición digital y acceso abierto»; el público al que se llega es infinitamente mayor.  La divulgación no debería limitarse de pasar de libros gordos con muchas notas a libros flaquitos sin ellas. Es un antiguo formato al que seguimos fieles, por inercia y porque nos resulta cómodo y confiable.

Ocurre asimismo que aun cuando se ponen estos textos en  línea, lo que se hace simplemente es trasladar la versión impresa, tal cual. Es un poco como los primeros automóviles, que seguían con el diseño de las carrozas, sin darse cuenta de que un nuevo formato implicaba nuevos requerimientos. Los vehículos debían ser cerrados, más aerodinámicos, con ruedas anchas, etcétera.

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En nuestro caso y asunto, las posibilidades que otorgan la  edición digital, con utilización de imágenes sin restricciones, y la inclusión de «vínculos», son enteramente desaprovechadas.  No se trata solamente de opciones técnicas, sino también conceptuales: representaría el tránsito de un modelo de presentación del conocimiento cerrado y autocontenido (el libro) a otro abierto y flexible, donde el lector (y no el editor o autor) es quién decide qué es lo que le interesa. Puede que sea un debate que no queremos abordar, pero que llegará a nosotros inevitablemente,

Existe otro aspecto digno de comentario, el de la dispersión: cada institución promueve iniciativas por su lado, con distintos propósitos y formatos. Esto dificulta la ubicación del conocimiento y su deseable entrelazamiento. Imagínense si varias de las principales instituciones y sociedades científicas reunieran esfuerzos para un proyecto común, convocando el conocimiento, talento y experiencia de sus académicos. Total, soñar no cuesta nada, según dicen.

Un ejemplo interesante es Scholarpedia. Como se aprecia a primera vista, tiene un formato similar a Wikipedia (el software es el mismo, disponible en acceso abierto), pero ahí acaban las similitudes. Los artículos son escritos por académicos, y el proceso de revisión («peer review») es similar al empleado para publicar en revistas especializadas. El formato permite aceptar posibles contribuciones posteriores de terceros autores y realizar modificaciones y actualizaciones, lo cual evita el problema de la obsolescencia.

Scholarpedia tiene una calidad reconocida,  y sus artículos son  aceptados como fuente válida en publicaciones académicas, con la debita citación del autor.  Se ha especializado en neurociencias y física, pero desde luego bien podría ser empleado para otras disciplinas, como las de las humanidades. Me parece un excelente ejemplo a seguir.

El estilo narrativo barroco abundó en analogías, con las cuales se habla de una cosa para aludir a otra y dar mayor fuerza a la expresión. Los autores adquirían fama enlazándolas entre sí, rivalizando en ingenio para construir las más variadas e inesperadas metáforas, aderezadas con múltiples alusiones a los Evangelios y la mitología greco-romana. Si el lector se perdía entre todos estos artificios narrativos no importaba demasiado, porque la forma podía tener más relevancia que el contenido.

El autor de El Ensayador Mayor de las almas, el Gloriosísimo Archangel San Miguel. Sermón panegíríco fue fray Andrés de San Miguel, religioso franciscano, quien se presentaba como ex lector de Sagradas Escrituras, Teología Mística y Vísperas de Teología Escolástica. De él se ocupó el historiador y bibliófilo novecentista Agustín Rivera, quien menciona fue en su tiempo afamado orador sacro, muy al estilo del barroquísimo portugués Antonio Vieyra. El ejemplar consultado pertenece al Fondo Antiguo de la Universidad de Sevilla. 

El libro recoge un sermón pronunciado el 29 de septiembre de 1720 en la toma de velo de la hija de Luisa Manuela, hija del respetado ensayador de la Casa de Moneda, Joseph de León, en el prestigioso convento concepcionista de San Bernardo. Hoy puede parecernos de un estilo alambicado y enredoso, pero se nos olvida que en su momento tuvo un carácter oral, y no podemos compartir la penumbra de la iglesia, el aroma del incienso, la solemnidad del momento y la contenida emoción de los parientes de la profesa.

El mecenas fue el bachiller y clérigo Joseph Eustaquio de León, hermano de la profesa, quien años después sería el primer director de la ceca de Guatemala. No es casual que el libro incluya un grabado alusivo al apellido «de León», que parece un escudo nobiliario sin serlo propiamente, porque obtenerlo era difícil y muy costoso.

El texto de San Miguel es interesante y curioso porque abunda en alusiones que establecen una analogía entre la moralidad cristiana y las labores del ensaye de la plata y el oro, lo cual es bastante inusual pero concordaba con el asunto en cuestión y con la profesión de los piadosos homenajeados. Por ejemplo, los votos de la profesa son las pesas o dinerales con los que San Miguel examina sus virtudes; el Purgatorio es el crisol donde las almas se purifican; la plata representa a la humanidad y el oro a la perfección divina. Incidentalmente, porque no es su propósito, el orador se refiere a varios procedimientos del ensaye, lo cual nos viene bien porque por lo común estamos atenidos a lo que referían los tratadistas, que podían o no ser seguidos en la práctica.

La obra cierra con una sigla presentada entre dos cenefas. Es un elemento común, generalmente descrito como «profesión de fe». Se refiere a “Omnia Sub Correctione Sancta Matris Ecclesiae Catholicae Apostolicae Romanae«. Esto es, que prudentemente el editor se sometía a cualquier censura o corrección eclesiástica.

Memórica, haz memoria es una plataforma gubernamental cuyo objetivo es «poner a disposición del público archivos digitales de variada naturaleza relacionados con la historia y las expresiones culturales de México, fomentando con ello el derecho a la memoria». No se menciona específicamente a su editor o coordinador, o la existencia de algún consejo editorial.

La plataforma tiene varias secciones (línea del tiempo, ensayos, exposiciones, infografías, colecciones de imágenes), con una gran variedad. Da la impresión de un proyecto que más que seguir un plan, ha ido creciendo de manera casuística. 

Aquí me interesa en lo inmediato la presentación de documentos y otros materiales procedentes de archivos públicos, pero también de bibliotecas, diversas instituciones privadas e incluso colaboradores individuales. Notablemente, está el Archivo General de la Nación, actualmente con más de quince mil documentos; obviamente es sólo una pequeña fracción de sus fondos, pero poco a poco el volumen disponible ha ido aumentando. Entre otras instituciones se hallan el Instituto Nacional de Antropología e Historia, el Archivo Histórico de la Cámara de Diputados y Congreso de la Unión,  el Centro de Estudios de Historia de México – Carso y la Biblioteca Nacional.

No es evidente el criterio seguido para la selección de estos documentos. Son muy visibles los temas «notables» (como todo lo referido a Benito Juárez y otros próceres) y todo lo relacionado con la Revolución de 1910,  aunque también hay algunos fondos «populares» del AGN, como «Inquisición». 

Los contenidos se presentan en imágenes de una manera visualmente atractiva. Hay filtros para «tipos de medio» (texto, audio, video) y «recursos» (aquí hay de todo un poco) y pueden verse como imagen o como listado y «colaboradores» (o sea, acervos incluidos). Se indican los derechos de reproducción para cada caso, pero no hay una forma obvia de «descarga», que vendría bien. Es posible que aquí incida la diversidad de derechos reclamados por las instituciones participantes.

El problema principal es (al menos para el AGN) la falta de muchas referencias de la procedencia (los «metadatos»). En muchos casos se indica ramo y expediente, pero no el volumen; así no pueden citarse en la investigación histórica. En otros ejemplos e instituciones se proporciona el enlace al catálogo de la institución de origen, lo cual está bien pero no parece el mejor procedimiento. Es algo que podría corregirse sin mayor dificultad, porque los datos están disponibles.

Memórica nos acerca a lo que siempre hemos querido: un acceso a todos los archivos bibliotecas y museos mexicanos, con recursos digitalizados (como en la española PARES o Europeana, de la Unión Europea). Es cierto que en algunas instituciones mexicanas han existido diversas iniciativas de digitalización y presentación al público, pero son dispersas e incompletas. Falta ver si la intención de Memórica es abarcar esta amplísimo panorama o si sus objetivos son más delimitados.

Para finalizar, hay que decir que está la cuestión de que este es un proyecto de la Coordinación de Memoria Histórica y Cultural de México de la Presidencia de la República. No se trata de una institución como la Secretaría de Educación Pública o el AGN, con un programa estable. Como tantas iniciativas sexenales y conmemorativas, puede que continúe o puede que no. La base es buena y podría dársele continuidad, con algunos ajustes.

Arreglando mis estantes, me encontré La fille de Montezuma, una historia «de capa y espada», de una «colección juvenil».  Está

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entretenida.

Un joven inglés naufraga en «Tobasco», es tomado prisionero por los «aztèques», está a punto de ser sacrificado en el templo de «Huitzel», es consagrado como avatar del dios Tezcat, se casa con la hija de Montezuma, combate a los conquistadores españoles y después de la caída de Tenochtitlan encabeza una larga resistencia en las montañas. Luego vuelve a Inglaterra, reencuentra a su amor de juventud y narra su historia.

Hay drama, aventuras y romance. Incluye a la bella princesa Otomie, el pusilánime Montezuma, el heroico Guatimuz, la Malinche (que aquí es una dama de la corte), el noble Bernal Díaz, el conquistador «Cortez» (que aquí tiene un papel secundario). El autor hizo sus lecturas para documentarse, pero sea por inadvertencia o licencia literaria incluyó bastantes elementos «exóticos», como que las damas de la nobleza «azteca» usaran un velo para añadir misterio a su belleza.

Tuvo varias reediciones en distintas épocas, en varios idiomas; y son de bastante interés las variantesMontezuma's Daughter eBook by H. Rider Haggard - 1230002242279 | Rakuten  Kobo Greece iconográficas de las portadas. La que tengo es la traducción francesa, de Hachette, 1954. Las ilustraciones son de Jean Sidobre, quien tuvo cierto prestigio en los «comics» y «magazines» franceses. 

El autor, Henry Rider Haggard (1856-1925), fue muy popular en su época y escribió un sinnúmero de novelitas del género de aventuras en civilizaciones remotas y perdidas. Tiene los prejuicios típicos del colonialismo, pero por otro lado muestra simpatía por los conquistados y colonizados. La más famosa de sus obras es «Las minas del rey Salomón», que dio lugar a varias películas de Hollywood.

En fin, está para lectura de ratos ociosos, para película dominguera o serie de Netflix….Obviamente no es una «fuente» para el conocimiento de la época, aunque es interesante para la construcción de la imagen europea de Mesoamérica y las ideas británicas sobre la conquista española.

 

 

La reciente modificación del nombre de la calle «Puente de Alvarado» por el de «Calzada México-Tenochtitlan», con toda y mediática ceremonia, es interesante, más allá del caso particular.

El punto fundamental de este discurso y ceremonia está en el minuto 9:08, cuando Federico Navarrete dice que las ciudades tienen derecho a renombrar sus calles para modificar su relación con el pasado. Es también lo que se enfatiza en el tuit de la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum.

No es el primer caso de reciente modificación de la toponimia urbana: antes estuvo el cambio de la «Plaza de la Noche Triste» por el de «Plaza de la Noche Victoriosa«. Y sospecho que vendrán otros.

La cuestión es quién tiene derecho a decir que algo es o no es conmemorable (o reprobable). Aquí «la ciudad» parece equipararse con «quien la gobierna» (lo cual, dicho sea de paso, puede ser cambiante). Es posible que legalmente sea así, pero la memoria histórica es por su naturaleza plural, selectiva y subjetiva. Las decisiones unilaterales equivalen a reducirla a una sola versión; tienen algo de impositivo.

Sin duda la jefa de gobierno ha hecho bien en buscar el consejo de un destacado historiador, pero sería mejor si se tratara de cuerpos plurales, que representaran instituciones académicas, cuerpos municipales electos, diferentes sectores de la ciudadanía y de la opinión pública. Recuerdo, por ejemplo, que el pasado 8 de marzo varios grupos feministas decidieron renombrar calles para rememorar mujeres que representaban sus causas.  Estas comisiones se han nombrado para situaciones similares en Londres y Nueva York, como comenté en una pasada entrada.

Si me dieran a elegir, preferiría que las calles tuvieran la nomenclatura más antigua registrada, sobre todo la existente antes del entusiasmo por la toponimia cívica. En este caso, me gusta el nombre que Navarrete menciona de paso al inicio de su alocución: el Canal de los Toltecas.

«Para el caso de Quito había estudios interesantes, algunos de los cuales abordaban asuntos específicos o bien se ocupaban de los inicios o fines del periodo colonial. Nos hacía falta un trabajo como el aquí reseñado, de amplia perspectiva, para ese largo siglo XVII que va un poco más allá de lo cronológicamente convencional. Es cuando se consolidan tendencias y procesos insinuados en la centuria previa, y que anticipan mucho de lo que vendría después….

Para el lector, este conjunto de atractivas propuestas remite de inmediato a los grandes ejes de la discusión actual sobre las sociedades hispanoamericanas, que giran entre estructura y agencia, etnicidad y clase, colectividad e individuo, así como a la inevitable tensión entre análisis cuantitativos y ejemplos cualitativos. En este
sentido, esta es una obra de interés particular pero también de amplias implicaciones.»

Ver el texto completo, publicado en revista Secuencia, julio de 2021.

Este artículo se ocupa de la actuación de Pascual Ignacio de Apezechea al frente del Apartado de Oro de la Nueva España.

El personaje es interesante y su biografía da para varias reflexiones; pero más allá de su historia particular, su obra es una vía de interés para comprender la compleja naturaleza del trabajo en esa institución, la relevancia de las relaciones clientelares, del intercambios de lealtades por apoyos. También proporciona una ventana inusual para reconstruir y comprender la razón de ciertos enconados conflictos, y la manera en que el personal de supervisión y administración podía desafiar a sus jefes, utilizando a su favor las mismas ordenanzas y el hecho de que, como personal muy calificado, no eran fácilmente reemplazables. La perspectiva es la de una microhistoria del trabajo.

Ha sido publicado en Revista Latinoamericana de Trabajo Y Trabajadores, no. 2, p. 27-57. Puede leerse aquí.