Los historiadores que se han asomado a los documentos fechados entre 1658 y 1662 en el archivo histórico municipal de Pátzcuaro no han dejado de notar una situación curiosa: numerosos documentos no aparecen firmados en “Pátzcuaro”, sino en “Carpio de Aro” o “Carpio de Haro Michoacán”. No hay mandamiento, cédula real o decreto que dé razón del cambio de nombre de una ciudad que por entonces contaba con numerosa población y que, al menos nominalmente, seguía siendo la capital de la provincia.

El punto fue advertido en la época y causó cierta preocupación cuando se trató de refundar el ayuntamiento español de Pátzcuaro, en 1689. Los vecinos tuvieron que levantar una información judicial para explicar la diversidad de nombres que había tenido a lo largo de la historia. Así, por ejemplo, don Diego de Castilleja Guzmán (por cierto, descendiente lejano, por vía femenina, de los antiguos reyes michoacanos), declaró que la ciudad se había llamado Michoacán, Pazquaro, Carpio y Guytzitzil. (Archivo Histórico Municipal de Pátzcuaro, caja 16, exp. 1).

¿De dónde viene este nombre, porqué se estableció y tan prontamente desapareció? El asunto me intrigaba,y por algún tiempo sostuve lo que podríamos llamar una hipótesis indigenista. En efecto, en 1723, en un pleito sobre aguas, el rector del colegio jesuita declaró que el barrio de Santa Marta se llamaba “Pascarro” (“donde guardan lutos”, según él) y el barrio “de abajo” era “Aro carpio Michoacan”. (Archivo General de la Nación, Tierras, 402, 2a. exp. 1) La similitud toponímica es notable. Se podría incluso suponer que el cabildo indígena de Pátzcuaro (que era el único de la ciudad, desde que su contraparte española se había ido a Valladolid, en 1576) había recurrido a un antiguo topónimo tarasco para remarcar el carácter “nativo” de la ciudad.

La realidad, como suele ocurrir, es mucho más prosaica y nos remite a ciertas constantes más bien sórdidas de la naturaleza humana. Desde 1643 el “valido” o favorito (una especie de primer ministro) del rey Felipe IV era Luis de Haro y Guzmán, marqués de Carpio, quien siguió gozando del real favor hasta su muerte, en 1661. El valido no fue particularmente exitoso: aunque logró aplastar una revuelta autonomista catalana, no pudo impedir que Francia se apoderara de varios territorios imperiales ni evitar la consolidación de la secesión portuguesa.

El marqués de Carpio

Aparentemente alguien en Pátzcuaro decidió honrar a este no muy notable ministro dándole su nombre a la ciudad. El principal sospechoso es el alcalde mayor, el almirante Diego de Bracamontes Dávila (1656-60). Don Diego descendía de una distinguida familia nobiliaria, y tenía un perfil que no era el de un modesto funcionario de provincias. Es posible que aspirara a mejores puestos. Pero no me consta, desde luego,

El cambio de nombre de la ciudad de Pátzcuaro no fue uno de los más brillantes ni épicos episodios de su historia. Afortunadamente, este acto de adulación concluyó con la muerte del poderoso valido del rey.

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Imagen: Bonaventura Bassegoda, “Los retratos de don Luis Méndez de Haro”, en Revistes Catanales amb Accés Obert

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Para citar este artículo: Felipe Castro, “Cuando Pátzcuaro se llamaba Carpio de Haro”, en Peregrinaciones por el pasado, https://felipecastro.wordpress.com/2008/07/05/cuando-patzcuaro-se-llamaba-carpio-de-haro/ Publicado el 4 de julio de 2008