Desde hace algunos años me he dedicado a lo que habitualmente se denomina historia indígena del México colonial y he acabado por reunir dos que tres publicaciones al respecto. He mantenido este interés aun cuando no estoy seguro de que exista realmente algo que pueda llamarse “Historia indígena”. En realidad, no es algo que pueda darse como obvio y evidente.

Indio gentil, según Miguel de Cabrera

Indio gentil, según Miguel de Cabrera

En México se considera “indígena” como sinónimo culterano de “indio”, y el uso se ha traslado al mundo académico cuando en realidad se trata de términos distintos. Los “indios” son los habitantes de la India, a la que Cristóbal Colón creyó haber llegado, y la confusión terminológica acabó por arraigar y llegó a nuestros días. Los indígenas, en cambio, son los nativos de un lugar, sea éste Beijing, Xochimilco o París.  Existen variantes contemporáneas poco difundidas, como “pueblos originarios”, “amerindios” o “aborígenes” (éste último, no obstante, es de uso frecuente en inglés).

Desde luego, no había “indios” (o “indígenas” en el sentido habitual que en México hoy le damos) antes de la llegada de los españoles. En el territorio que hoy es México había una enorme variedad de grupos, desde las altas culturas agrícolas que nos dejaron soberbias zonas arqueológicas, pasando por los que vivían en asentamientos dispersos en montañas y junglas, hasta los cazadores y recolectores de los desiertos del norte. Lo que tuvieron en común estos diferentes grupos fue haber sido conquistados y reducidos a una condición común, la de “indios”, en función de las necesidades y conveniencias del Imperio español (más o menos como hoy días tanto mexicanos como peruanos son convertidos en “hispanics” en Estados Unidos)

Es cierto que el mismo hecho colonial, con la evangelización, la introducción de herramientas, cultivos y formas de gobierno europeas, acabó con el tiempo por crear una nueva realidad. Los “indios” inventados por el Imperio acabaron por tener existencia real, en la medida que sus diferencias particulares iban desapareciendo. Es algo que se aprecia muy bien donde convivían y se confundían poblaciones  de diverso origen, como en los reales de minas o en las grandes ciudades. Como demostraron hace algún tiempo John Chance y William Taylor para el caso de Oaxaca, para estos indios su lengua o etnicidad de origen eran cada vez menos importantes.

Si lo vemos de esta manera, el objeto particular de la “historia indígena” es un producto tardío del desarrollo histórico novohispano. Hablando con propiedad, difícilmente podría existir en el siglo XVI, o aun en fechas posteriores, en las zonas rurales del virreinato. Sucede lo mismo que con la “historia universal”: antes de la expansión europea y la primera globalización no hay realmente más que el agregado de distintos pueblos y culturas con escasa relación entre sí.