espanolLa historiografía sobre los españoles en el México colonial se ha dedicado mayormente a las grandes personalidades: hacendados, comerciantes, obispos y virreyes. Esto es comprensible, pero proporciona la falsa imagen de que todo “español” (es decir, descendiente de padres tenidos por españoles, con independencia de haber nacido en Sevilla o Iztapalapa) tenia una posición privilegiada. Esto era así, pero sólo en cierta manera. Muchos sobrevivían de una manera bastante precaria, como arrieros, mercachifles, artesanos, auxiliares de curas párrocos o alcaldes mayores, capataces, arrendatarios de tierras, rancheros, dependientes de comercio o cualquiera de los mil y un oficios ocasionales que con penas y angustias les permitían pagar su casa, vestimenta y comida. En ocasiones su nivel de vida no difería mucho de la plebe mestiza o mulata, o incluso de los indios; pero, en todos los casos, defendían su “honra” y privilegios como españoles, y exigían ser tratados con el debido respeto.

Este numeroso y heterogéneo grupo es importante no sólo del punto de vista demográfico, sino también porque constituían un vínculo entre los sectores privilegiados, los dueños del poder, de la fe y la riqueza, con los grupos más pobres. Estaban en contacto con unos por ser españoles, y con los otros porque con ellos convivían a diario, en plazas, calles, mercados y lugares de trabajo. Por lo mismo, su papel era tan indispensable como ambiguo. A veces representaban el rostro más concreto  de la autoridad y la expoliación coloniales (cuando actuaban, por ejemplo, como mercaderes, funcionarios locales, recaudadores de impuestos, informantes de la Inquisición o auxiliares armados de la justicia civil) pero en otros participaban o incluso dirigían las inquietudes de los indios y demás “castas”. No era raro verlos, por ejemplo, como procuradores o gestores de los litigios de tierras de las comunidades indígenas y con cierta frecuencia las autoridades sospechaban que detrás de algunas inquietudes  populares estaba la mano oculta de personas “de otra esfera”. Voy, en mis siguientes artículos, a ilustrar este argumento con la vida y milagros de varios de estos peculiares personajes.