Los Sánchez de Armas aparecen en Pátzcuaro a principios del siglo XVIII. Eran varios hermanos, de los cuales el más notable era un Antonio, quien fue arrendatario de los jesuitas de Pátzcuaro. Los religiosos lo consideraban hombre de confianza e incluso le encargaron la defensa de sus intereses en 1714, en ocasión de una conflictiva medición de tierras solicitada por los indios de Cuanajo. Este patronazgo permitió que don Antonio prosperara, porque hacia 1735 se convirtió en dueño de Quirínguaro (hoy una pequeña población, dependiente de Huiramba). Aunque esta propiedad recibía el título de “hacienda”, en realidad era entonces un conjunto de tierras montuosas, propias sólo para corte de tejamanil y crianza de ganados. Es bueno comentar que los Sánchez de Armas residían en su propiedad, en condiciones materiales que debían ser muy modestas. Los grandes hacendados, en cambio, preferían las comodidades de Pátzcuaro.

Los Sánchez de Armas siempre tuvieron tuvieron relaciones conflictivas con los pueblos de indios vecinos. Los de Tupátaro se quejaban en 1735 de que los rebaños de Quirínguaro se comían sus siembras. Cuando se apoderaron de los animales y los metieron en un corral para exigir el pago de los daños, Antonio Sánchez de Armas se presentó en el pueblo a recuperarlos, con palabras violentas y armado con un trabuco. El incidente estuvo a poco de acabar en heridas y muertes.

Pueblos y haciendas de Pátzcuaro

Pueblos y haciendas de Pátzcuaro

En 1741, los indios de Tupátaro volvieron a quejarse, esta vez porque los hermanos Juan y Nicolás Sánchez de Armas habían  “desollado” a azotes a uno de sus peones, por un problema de deudas impagas. Los acusados se defendieron con un argumento que hoy día nos parece brutal, pero que no era tan inusual en la época. Dijeron que “ya se sabe que los amos pueden con bastante autoridad corregir y castigar con unos azotes a sus sirvientes aunque sean libres”, y que de todos modos “este daño es muy leve en la persona de un indio, y tanto que ni aun injuria se puede decir porque según la costumbre y experiencia los indios no entienden de otra manera”. El juez se limitó a colocar al peón con otro propietario, para que desquitara su deuda, y a los Sánchez se les apercibió a que no se propasasen a castigar a sus criados sin intervención previa de la justicia.

En 1765 Juan Sánchez de Armas fue acusado por los naturales de Cuanajo de haberse apoderado de un rancho que les pertenecía, y de ser “inquieto y provocador”. Como era costumbre en esta familia, Juan tenía un “valedor”: el regidor de Valladolid, Joaquín de Mauleón. El regidor interponía su influencia parar lograr decisiones favorables del alcalde mayor de Pátzcuaro, en provecho de su protegido. El asunto se complicó porque los indios, a su vez, tenían el auspicio del regidor y procurador del ayuntamiento patzcuarense, Ignacio de Sagazola. Los autos del litigio después de muchas vueltas acabaron en la Real Audiencia, donde se pierde su rastro.

La familia Sánchez de Armas es uno de los muchos ejemplos de los numerosos españoles de mediano vivir, que no eran grandes propietarios, ricos comerciantes, influyentes eclesiásticos ni poderosos funcionarios. Su existencia dependía de tres cosas: su carácter de “españoles”, que les daba cierta dignidad y privilegio legales; la posesión de algunos bienes y, sobre todo, lo que podríamos llamar un capital social , esto es, una red de personas que los consideraban como hombres de valía y de confianza. Más allá de sus mayores o menores éxitos empresariales en una propiedad montuosa, dependían del apoyo de prohombres locales y de corporaciones como la Compañía de Jesús. Fuese por inclinación personal o por exceso de confianza, tuvieron malas relaciones con los pueblos de indios inmediatos. No era, en realidad, una buena idea, porque los indios podían defenderse con bastante éxito y hostigar a las malas vecindades con continuas demandas judiciales.

Vale la pena señalar que el caso de los conflictos y agitaciones provocadas por los Sánchez de Armas es peculiar, porque otros propietarios españoles procuraban y tenían relaciones amistosas, de mutua colaboración, con los pueblos indios vecinos. Sin ir más lejos, eso era lo que ocurría con otra rama de la misma familia, también de rancheros, establecida en la región de Tajimaroa, cuyos miembros aparecen declarando en defensa de las tierras comunales de los pueblos de Queréndaro, Cuitareo y San Pedro.
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Las referencias documentales que sustentan este artículo se encuentran en Archivo Histórico del Ayuntamiento de Pátzcuaro (AHAP) caja 33B-6, Juan Matias y Joseph Matheo, naturales de Tupátaro, contra los hermanos Juan y Nicolás Sánchez., 1741; AHAP, caja 28-5, 14 f, el alcalde, oficiales y común de Tupátaro contra Antonio Sánchez de Armas, 1735;  AHAP, caja 44A-6, los oficiales de república de Cuanajo contra Juan Sánchez de Armas, 1765.