Los historiadores han sido reticentes en aventurarse en los estudios genealógicos, en buena medida porque abundaban los sitios dedicados a vender genealogías a gusto del cliente, que casi siempre  descubrían antepasados ilustres con su correspondiente escudo de armas. Sin embargo, no hay razón para que la genealogía no sea considerada como una rama auxiliar de la historia, con el mismo título que la numismática o  la filatelia. Los apellidos también son historia; y aunque su utilización requiere cierta precaución, también pueden proporcionar datos interesantes para el conocimiento del pasado.

La referencia a las precauciones tiene su razón de ser. Sobre todo en la época colonial, lo que podríamos llamar técnicamente como  “patrones de uso nominativos” (o sea, la forma en que alguien identificaba su ascendencia) era bastante flexible. Una persona podía preferir el apellido materno y no era raro que dos hermanos  no se apellidaran igual. La representación gráfica podía variar (por ejemplo, entre “Avila” y “Dávila”). Peor aún, una persona podía adoptar un apellido que no le venía de familia; esto era bastante común entre los nobles indios,que en el siglo XVI hicieron propio frecuentemente el apellido de sus padrinos de bautizo españoles, por lo cual hay ramas nativas de los Cortés, los Mendoza (por el primer virrey) o los Alvarado (en honor al conquistador de Guatemala).  El común de los  indios carecía de apellido, con el resultado de que Pedro Santiago resultaba ser hijo de Francisco Hipólito; cuando se introdujo el registro civil, algunos de estos nombres fueron arbitrariamente convertidos en apellidos por los jueces. Y en fin, cabe sospechar que la herencia del apellido y la  genética no siempre iban juntos.

Desde luego, saber quién era hijo de quién es algo muy necesario para un historiador, dado que en aquella época (ysospecho que en la presente) junto con un apellido iban anexos recursos materiales, afinidades e influencias. Esto es lo que ha llevado a muchos historiadores a realizar prosopografías (es decir, biografías de grupos enteros, por oficio, origen o rango social) e interpretar estos datos en términos de redes sociales.

(Antes de que me pregunten…no, no hago búsquedas genealógicas. Por favor, no me envíe consultas; utilice  los links aquí incluidos a los sitios dedicados a estos servicios).

El historiador intersado en la genealogía colonial (ya sea en sí misma o para otros fines analíticos) encuentra un recurso invaluable en los estudios de Peter Boyd-Bowman, Cristóbal Bermúdez Plata y de otros autores que con encomiable paciencia se dedicaron a recopilar la información de todos los españoles que pasaban a Indias en los tres siglos coloniales, y que debían contar con la correspondiente “licencia” o permiso de la Casa de Contratación. Asimismo, aunque la historia no era su propósito,  The Genealogical Society of  Utah, fundada en 1894 por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, ha reunido una enorme colección de microfilmes procedentes de antiguos registros parroquiales y civiles, algunos de ellos ya desaparecidos. Una copia, realizada por la Academia Mexicana de Genealogía y Heráldica, se halla  en el Archivo General de la Nacion.

La aparición de Internet, la fácil comunicación y la digitalización de muchos archivos y recursos estadísticos  ha dado nuevo auge a los empeños genealógicos, y a su posible utilización por el historiador. Asimismo, muchos sitios genealógicos han ido poco a poco haciendo propios el rigor, los criterios y los métodos de los historiadores. También se han acercado en ocasiones a un propósito más cientìfico: la creación de un mapa genético mundial, como el propuesto por la National Geographic Society.

Esta introducción viene a cuento de un recurso que acabo de descubrir gracias al siempte útil blog Genbeta, dedicado a rastrear las innovaciones de interés en la red de redes. Se trata de Mi parentela.com. que es un servicio que permite (de manera gratuita) crear árboles genealógicos y que todos sus integrantes, muy a la manera de las “redes sociales virtuales”, contribuyan a corregirlo o ampliarlo. Miparentela tiene otra prestación de particular interés: un mapa interactivo de la frecuencia total (el número de integrantes) y relativa, así como la distribución geográfica de los apellidos. La información se basa en el caso español en los censos gubernamentales, y para otros países en recursos públicos equivalentes, como los directorios telefónicos. También existen versiones nacionales que pueden ser de alguna utilidad para nosotros: los de  Alemania, FranciaItalia y Estados Unidos. Lo que nos proporcionan estos mapas y cuadros, aparte de datos curiosos e intereses genealógicos personales, es un mapa de las migraciones de cada apellido, y cómo fueron “colonizando” diferentes países. Espero que este servicio se extienda algún día a los países hispanoamericanos.