Acaba de salir en la revista Historia Social (no.63, 2009, p.3-17), de la Fundación Instituto de Historia Social, España, mi artículo sobre “Salud, enfermedad y socorro mutuo en la Real Casa de Moneda de México”.

Como he argumentado en otra nota, la Casa de Moneda novohispana ha recibido mucho interés de parte de los historiadores, pero poco se ha escrito sobre quienes producían sus casi míticas riquezas.  Por otro lado, existe una abundante bibliografía sobre enfermedades epidémicas (como el mortífero matlazahuatl, la viruela y el sarampión), pero en cambio los padecimientos endémicos y laborales han sido citados casi incidentalmente.

La conjunción de ambos temas es muy pertinente, dado que los trabajadores de la ceca trabajaban en condiciones insalubres (derivados, por ejemplo, de los gases que se producían en la fundición, o la manipulación del “solimán” o cloruro mercúrico) y riesgosas, porque operaban prensas, molinos y cuchillas, en un ambiente casi industrial, de producción en serie. También, desde luego, había ocasionalmente riñas entre hombres vigorosos, que tenían a mano mucha herramientas que podían convertirse en armas improvisadas. De todo esto se derivaba la predominancia de enfermedades pulmonares, hepáticas (típicas de intoxicación crónica), y de frecuentes traumatismos o lesiones. Los expedientes también proporcionan datos de interés sobre la vida cotidiana de los operarios: existía un buen número de enfermos por padecimientos venéreos, como sífilis y gonorrea. Incluyo seguidamente una gráfica con los datos estadísticos.

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El trabajo, finalmente, aborda la historia de la Concordia, una institución de socorro mutuo para casos de enfermedad o invalidez fundada por los operarios de la Casa de Moneda. A diferencia de las antiguas cofradías, era de carácter laico. Fue, en este sentido, la primera en su género en la Nueva España.