La conocida revista National Geographic ha publicado una nota sobre el  muy interesante proyecto dirigido por el arqueólogo Christopher Fisher ( Colorado State University), en Apupato, actualmente un cerro a medio camino entre Pátzcuaro y Tzintzuntzan.

La página web The Lake Pátzcuaro Basin Archaelogical Project  explica con más

Terrazas en Apupato

Terrazas en Apupato

detalle y abundancia de ilustraciones que en la época prehispánica Apupato fue una isla, describe las excavaciones, el sistema de terrazas existente (que indicarían una ocupación continua, de varios siglos) y presenta los diagramas hipotéticos de una modesta edificación (que probablemente es el sitio donde, según la Relación de Michoacán, el cazonci guardada parte de sus tesoros) y una pequeña pirámide, de uso ritual.

La nota no menciona si los arqueólogos se apoyaron en los textos coloniales (más allá de la Relación...), porque desde luego la historia de Apupato no concluye con la conquista. Hay buenas razones para prestar atención a estos testimonios, no solo por su interés en sí, sino porque pueden arrojar datos sobre los pobladores que construyeron y dieron  mantenimiento a edificios y templos. Como es sabido, las civilizaciones caen en el olvido, los reinos se desploman, pero los campesinos suelen permanecer allí donde han estado sus padres y sus abuelos desde tiempo inmemorial.

Los documentos coloniales mencionan un San Juan Apupato (conocido asimismo informalmente como “el Vado”), que en 1612 fue trasladado junto con San Joseph, San Pedro Cheranx o Cherantxen, San Francisco Echuen y San Hipólito para fundar Zurumútaro. La historia de estas pequeñas poblaciones ubicadas al sur del cerro es bastante obscura, pero afortunadamente tenemos algunas valiosas referencias sobre Cherantxen. Este era un asentamiento de arrendatarios (que los españoles llamaron “terrazgueros”) establecidos  en tierras que pertenecían al patrimonio personal de los descendientes del cazonci. Es algo que resulta coherente con el hecho de que en la época prehispánica hubiera templos y probablemente un “tesoro” del señorío  tarasco en Apupato. Luego de varias sucesiones y apropiaciones de legalidad bastante dudosa, las tierras abandonadas debido a la fundación de Zurumútaro acabaron por formar parte de la hacienda de La Tareta, de los jesuitas de Pátzcuaro

Al otro lado del cerro, hacia el norte,  estuvieron Santo Tomás la Palma, San Lorenzo, Santo Tomás Apupato y Santiago.  Vale la pena señalar que San Lorenzo era un poblado de “tecos”, esto es, de hablantes de nahuatl. Estas poblaciones fueron congregadas en Tzintzuntzan en 1595. Las tierras remanentes  fueron vendidas poco a poco, y finalmente vinieron a  manos de los agustinos de Pátzcuaro, quienes fundaron aquí la hacienda de Sanabria. El pueblo de Tzintzuntzan, sin embargo, siempre reclamó estas tierras, argumentando que sus antiguos habitantes habían pasado a formar parte de su población.

El carácter confuso de estas múltiples transacciones motivó un largo pleito entre agustinos y jesuitas. Aunque los discípulos de San Ignacio se mostraron muy dispuestos a ocupar tierras sin título, había acuerdo entre los testigos que la división entre unos y otros pasaba por la mitad del cerro. Es muy posible que este fuera el lindero entre San Juan y Santo Tomás, los dos Apupato de los que hay constancia documental.

Los viejos papeles donde consta esta historia, en el caso de que a alguien le interese, están en el Archivo General de la Nación, Tierras, vol. 3448, exp 1; Archivo Parroquial de Pátzcuaro, legajo 155 (“Autos de tierras y bienes…hospital de Santa Martha”) y el Archivo Histórico Municipal de Pátzcuaro, caja 19, exp. 4.

Una buena reconstrucción de la historia colonial de las haciendas de la región puede leerse en Luise Enkerlin Pauwells, “La conformación de las haciendas en la ribera sur del lago de Pátzcuaro”, Estudios michoacanos, vol. 9, Zamora, El Colegio de Michoacán – Instituto Michoacano de Cultura, 2001, p. 17-50.

AHAP,19B-4,