Parecía que no, pero este año nuestras instituciones al fin y al cabo van a dejarnos algo reconocidamente útil. Bueno, exagero un poco, pero el motivo de esta nota es que hoy sábado se inaugura una librería del Fondo de Cultura Económica (con café e internet de libre acceso) en el Archivo General de la Nación. La librería es bienvenida ciertamente, pero casi tanto o más lo es una sala de café. Aunque parezca algo menor,  casi una frivolidad, no lo es tanto para quien acude a consultar viejos papelotes en las salas de esta venerable institución. Después de varias horas de descifrar la escritura de los notarios y escribanos de hace tres o cuatro siglos, uno comienza a ver bizco. Y aunque desde luego, no es la función del Archivo, sus salas también son el punto de encuentro de muchos historiadores, y siempre se ofrece tener un espacio apropiado para cambiar impresiones, datos, recomendaciones o saber cuáles son los intereses más recientes de los colegas.

El FCE y el AGN han tenido el buen gusto de no caer en el frenesí (bi)centenarial, y han decidido honrar a esta librería con el nombre de don Edmundo O´Gorman, quien durante casi dos décadas encontró ámbito propicio para sus  innovadoras inquietudes en este venerable acervo documental.