Hace pocos días se presentó y abrió al público la restauración del edificio de la antigua ceca segoviana, a orilla del río Eresma. Es una noticia muy grata para los segovianos, para los aficionados e historiadores de las casas de moneda, y desde luego para todos aquellos que durante muchos años pugnaron tenazmente por la recuperación de este valioso ejemplo del patrimonio histórico industrial.

El edificio fue uno de los primeros específicamente construidos para su función monetaria, según el elegante y sobrio diseño del arquitecto Juan de Herrera y con el auspicio del rey Felipe II. En 1586 comenzó a producir de manera regular, utilizando para ello lo que entonces era “tecnología de punta”, con ingenios laminadores de rodillo, según el modelo de la casa de moneda de Hall, cerca de Innsbruck.  Aquí se acuñaron algunos de los ejemplos más notables y bellos de moneda española, hasta que en 1730 la acuñación de metales nobles pasó a Sevilla y Madrid, dejando a Segovia solamente las monedas de cobre. Fue este el inicio de la decadencia de la ceca, cerrada definitivamente en 1868. El edificio fue vendido a particulares y con el tiempo acabó en el abandono, derivando hacia un estado de lamentable y penoso deterioro.

Antes de la restauración. Foto: Asociación de Amigos de la Casa de Moneda de Segovia

Antes de la restauración. Foto: Asociación de Amigos de la Casa de Moneda de Segovia

Muchas voces se alzaron para clamar por la recuperación de este histórico edificio, en particular las agrupadas en la  Asociación de Amigos de la Casa de la Moneda de Segovia. En 1998 los gobiernos municipal, regional y nacional firmaron un convenio para la rehabilitación, y se aceptó un proyecto apoyado en los estudios anteriormente realizados por  Glenn Murray (véanse aquí las fotos de la reconstrucción).

La obra comenzó en 2007 para llegar, después de algunos contratiempos, al encomiable resultado actual. Aun faltan, ciertamente, el previsto establecimiento de un museo (por ahora,  los visitantes solamente pueden apreciar el funcionamiento de una rueda hidráulica), biblioteca,  estancias para investigadores, un espacio para actividades culturales y una cafetería-restaurante.

Como a veces ocurre con la restauración de un edificio histórico, logrado el primer objetivo no es claro que puede hacerse con él. Una propuesta plausible sería la de organizar reuniones periódicas de estudiosos de las casas de moneda, que remarcaría el carácter primordial y de importancia mundial de la ceca segoviana. Por lo pronto, cabe bien felicitar a todos aquellos que hicieron posible este gran logro.