Entre la turbamulta de noticias que aparecen y desaparecen brevemente en nuestra prensa periódica hubo una que me llamó  la atención: el proyecto de arqueólogos cubanos de estudiar el origen de los llamados “indios feroces”, que vivieron en la Vuelta Abajo, provincia de Pinar del Río. El director del proyecto, Jorge Freddy Ramírez, refirió a Prensa Latina que eran “un temido grupo, protagonistas de asaltos y asesinatos por la región, eran chichimecos, tribus conocidas por sus atroces crímenes”,  aunados con guachinangos, también originarios de México, y esclavos fugitivos. Fueron perseguidos por las autoridades españolas entre 1802 y 1804 en razón de los estragos que cometían en las haciendas de la zona. .

El asunto no es nuevo en la historiografía cubana. Había sido citado anteriormente por Pablo J. Hernández González, y la nota periodística se refiere a las investigaciones realizadas por el fallecido historiador Armando Abreu, autor de un libro que al parecer será próximamente publicado.

Desde luego, es difícil hacerse una idea cabal de este proyecto en la brevedad de una nota, pero el tema  tiene un obvio interés para los historiadores del México colonial.  En efecto, Guachinango o Huauchinango (el nombre actual, con una “u” antes de la ch), fue en el siglo XVI una importante  población en lo que hoy es el Estado de Puebla. Históricamente, tuvo vinculación con el Golfo (su alcaldía mayor  llegaba hasta la costa, y hacia el norte abarcaba parte de la Huasteca). Esta última región fue, en los primeros años coloniales, parte de la gobernación del Pánuco, y su gobernador, el nefasto Nuño Beltrán de Guzmán, a falta de otra fuente de riqueza más asequible se dedicó a la cacería de indios que vendía como esclavos en Cuba. Como mostró el mayor estudioso del tema, Silvio Zavala, la tarifa oficial era de 15 indios por un caballo. Es posible que por alguna razón se les llamara “guachinangos” a estos esclavos y el nombre perdurara en el tiempo.

El caso de los “chichimecas” cubanos es otro asunto muy distinto. La voz tuvo en la época prehispánica varias acepciones; por ejemplo, varios de los importantes señoríos mesoamericanos (como los texcocanos o michoacanos), con complejas culturas y grandes ciudades, reclamaban un pasado “chichimeca”. En la colonia, sin embargo, esta acepción desapareció prontamente, y solo subsistió la voz para designar a los grupos que habitaban la frontera norte cercana (donde después estarían San Luis Potosí, Querétaro, Jalisco, Guanajuato) que eran agricultores ocasionales, cazadores y recolectores, y cuya organización social no pasaba de familias extensas.

La Gran Chichimeca, según Powell

La Gran Chichimeca, según Powell

Estos grupos (guamares, guachichiles, tecuexes y zacatecos, entre otros) realizaron una exitosa resistencia contra los españoles en la segunda mitad del siglo XVI, como dejó en claro Philip W. Powell. Muchos fueron esclavizados en represalia, pero hasta donde me consta no hubo remitidos a Cuba.

Mucho tiempo después, cuando los ingleses tomaron La Habana, en 1762, la Corona decidió reforzar las fortificaciones isleñas. Muchos presos por distintos delitos que antes eran remitidos a San Juan de Ulúa o Campeche fueron desde entonces enviados a La Habana para trabajar en las obras defensivas. La medida abarcó también a muchos indios de la nueva frontera norte (como apaches y comanches), en ambas márgenes del río Grande. Se les llamaba “indios bárbaros”, y algunos fueron enviados a Cuba; no eran esclavos sino sentenciados a trabajos forzados, aunque en la práctica no hubiese mucha diferencia. Por lo visto, en la isla se les adjudicó el antiguo nombre de “chichimecos”, que estrictamente hablando no les correspondía.

Una última observación tiene que ver con el carácter “feroz” y los crímenes “atroces” cometidos por estos grupos. No dudo que las autoridades españoles, e incluso los colonos cubanos y sus descendientes sufrieran y detestaran la violencias de estas bandas. Pero en último término, lo que estaban haciendo era una defensa desesperada de su libertad ante una sociedad que no les daba ninguna opción aceptable de integración. La historiografía cubana ha abordado bien y puesto en adecuado contexto los levantamientos de negros cimarrones; una aproximación parecida para los “indios feroces” sería de gran interés para este caso.