En 1550 un orfebre alemán, Max Schwab, retomó un modelo anterior, utilizado solamente para acuñar

La prensa de volante en la "Enciclopedia" de Diderot

La prensa de volante en la “Enciclopedia” de Diderot

medallas de manera artesanal, y diseñó una prensa industrial para impresión de monedas: un  gran tornillo que subía y bajaba, con un eje o volante transversal en la parte superior y dos  bolas  de plomo en sus extremos. Los operarios hacían girar el eje para levantar el tornillo que luego caía para golpear el cuño, imprimiendo  el diseño de la moneda. El “rebote” consiguiente permitía repetir la acción de una manera continua, a respetable velocidad. Se le llamó en alemán “spindelpress”, en francés “balancier” y en español, “prensa de volante”.

Schwab consiguió el interés del rey  Enrique II de Francia, quien adquirió el diseño, y encargó al grabador Antoine Brucher que comenzara con las pruebas, hacia 1553. Sin embargo, la corporación de  monederos del rey,  que aun operaba con el antiguo sistema de acuñación a martillo, se opuso enconadamente a esta innovación, temiendo por sus fuentes de trabajo. También, ciertament, el modelo presentaba todavía dificultades  e imperfecciones técnicas.

El grabador e ingeniero Nicholas Briot (1579-1646) realizó varias mejoras a esta prensa, pero no pudo convencer al gobierno de ponerla en obra. No obstante, Briot encontró mejor acogida en Inglaterra, donde el rey Carlos I de Inglaterra lo contrató para  acuñar monedas y medallas en la Royal Mint.

En Francia, no sería sino hasta que Jean Varin se convirtió en grabador general de monedas del reino  que se implantaría la nueva tecnología, utilizada para acuñar los bellos  escudos o “luises de oro” a partir de 1640. El sistema, con variaciones menores, se mantuvo durante décadas, y fue el adoptado en España (y luego, tardíamente, en Hispanoamérica) con el ascenso de la dinastía borbónica.

Las prensas de Boulton en perspectiva: Fuente: SohoMint

Las prensas de Boulton en perspectiva: Fuente: SohoMint

La aparición de la revolución industrial y la introducción de la máquina de vapor de James Watt trajo naturalmente la idea de aplicar esta nueva fuerza motriz al antiguo mecanismo.  En 1789  un empresario innovador, Matthew Boulton estableció en su Soho Manufactory, en Birmingham, un sistema de acuñación a vapor que utilizaba una gran rueda, que impulsaba los brazos de las prensas de tornillo.  El mecanismo era complicado, propenso a sufrir desperfectos, y muy ruidoso, pero podía acuñar más de cuarenta piezas por minuto.

La prensa de Boulton.Detalle

La prensa de Boulton.Detalle

La máquina sirvió inicialmente para imprimir fichas metálicas, pero en 1881 fue  adoptado por la Royal Mint. Fue luego exportada a varios países, entre ellos  México, donde uno de estos ingenios fue adquirido por la ceca de Guanajuato, manejada entonces por una compañía privada. Hacia 1826 hubo tratativas para comprar otra para la antigua ceca oficial,  en la capital, pero las negociaciones no llegaron a buen fin, seguramente por la incertidumbre política y las dificultades financieras de los nuevos gobiernos independientes.

La imagen de la prensa de Boulter (reconstruida posteriormente en otra fábrica, a mediados del XIX)  muestra una estructura básica que no varía demasiado del antiguo volante o tornillo, siendo la innovación el  mecanismo y la fuerza de vapor.  Posteriormente este diseño pasaría por innovaciones y adecuaciones, notablemente gracias a Dietrich Uhlhorn y (hacia 1833) Pierre-Antoine Thonnelier.

Onza de 1949. Fuente: WikiCoins

Onza de 1949. Fuente: WikiCoins

Lo que me interesa aquí es que esta evolución técnica tuvo una memoria numismática. En efecto, en 1949 el gobierno mexicano decidió la acuñación de una onza troy de plata,  que tenía precisamente en el anverso una prensa de tornillo.  Podría pensarse que se trata de una versión del “balancier”, pero la forma de campana de la estructura y los característicos extremos del eje son los de la prensa de Boutler. El diseñador, aparentemente, utilizó un modelo que no había conservado la gran rueda motriz, o bien consideró que por su tamaño era poco “numismática”. La idea de honrar a los antiguos inventores y acuñadores es ciertamente muy adecuada, y podría tener su espacio en algún museo o centro cultural.