La historia de la Real Casa de Moneda de México nunca deja  de ofrecer ángulos inesperados y sorprendentes. Uno de ellos, que en el pasado exploré  sumariamente, porque no era mi asunto principal, es el de las repercusiones literarias de las actividades de sus oficiales (en la época primitiva, desde 1535) y sus funcionarios (cuando pasó, en 1732, a la administración real directa).

Uno de los personajes más llamativos es Melchor de Cuéllar,  un gaditano que hizo fortuna en México gracias a la grana cochinilla y el comercio con Filipinas. Para dar mayor sustento y brillo a sus riquezas, compró un oficio (sí, estos puestos se compraban) de regidor en Puebla, e hizo lo mismo para convertirse en ensayador de la ceca mexicana (un cargo que, obviamente, no desempeñaba por sí mismo).  Cuéllar patrocinó la fundación del jesuítico Colegio Seminario de Nuestra Señora de Santa Ana, en la ciudad de México, y en su tierra natal fundó una obra pía para dotar a jóvenes doncellas. Era muy devoto de la Virgen del Carmen, y los frailes de esta orden consiguieron que fuese  también patrono de la construcción del convento del Santo Desierto, que con el tiempo fue llamado de “los Leones”, en los ásperos montes cercanos a la capital virreinal. Para dejarles una renta segura, Cuéllar les cedió en 1636 el oficio de ensayador, que los religiosos detentaron hasta 1732, cuando la Corona confiscó todos estos cargos anteriormente cedidos a particulares (lateralmente, esta es la razón por la cual algunas monedas acuñadas en este periodo llevan una “D”, por “Desierto”, que tanto ha intrigado a los numismáticos).

El agradecimiento de los carmelitas fue grande.  A su muerte en 1633, le dieron sepultura en el conventEpistolarioo del Desierto de los Leones, en cuyo atrio existe una inscripción a su memoria. Y cuando en 1801 los frailes se trasladaron a Tenancingo, se llevaron los despojos fúnebres de su protector. Allá puede verse una estatua orante de Cuéllar, que como hizo notar el maestro Manuel Toussaint, es uno de los raros ejemplos novohispanos de este género de imaginería funeraria.

No quedó aquí el carmelitano agradecimiento. En 1624 salió de prensas del convento de Uclés (en la provincia de Cuenca, España) el Epistolario espiritual para personas de diferentes estados, compuesto por el P. Iuan de Iesus Maria, prior del Sagrado Yermo de Nuestra Señora del Carmen de Descalços de la Nueva España,  dirigido a Melchor de Cuéllar, ensayador mayor de la Casa de Moneda de México, y fundador y patrón de dicho sagrado yermo. Del autor sabemos, gracias a Dolores Bieñko, que era sevillano, vivió entre 1560 y 1644, fue autor prolífico, prior provincial, fundador del desértico convento leonino y confesor del obispo Juan de Palafox (a quien no parece haberle aprovechado mucho la epístola XX, que trata de cómo un prelado ha de haberse en el gobierno de los suyos, para  así ser amado y respetado de todos).

Algo tendré que decir acerca de la sentida “Dedicatoria” inicial a Cuéllar, así como de la epístola que a él está dedicada, la XXXIX, donde le aconseja todo lo necesario para el sustento de los religiosos,  recordándole que si Dios le pide de su hacienda, es para tener ocasión de darle aun más mercedes y logros. Desde luego, lo obvio es la “sutil apelación” a su generosidad, pero entre las recargadas anáforas, sinécdoques y elipsis de la retórica barroca hay muchas claves, insinuaciones y subtextos a las culales  bien valdrá dedicar algún rato.

En el¡ grabado de la portada del libro , de construcción arquitectónica, aparecen Santa Teresa, San Juan de la Cruz y los emblemas carmelitanos, con dos angelotes a modo de tenantes. Todo de muy buena factura, pero bastante previsible. Sin embargo, debajo del motivo principal también se alcanza a ver una muy discreta línea que dice  “J W Schorquens faciebat”. Este Schorquens fue un prestigiado (y  muy cotizado) grabador flamenco, activo en Madrid en esos años. La indecisa y ambigua expresión latina faciebat (en imperfecto, en  lugar del habitual fecit) deja la impresión de un acto de modestia del grabador, quizás ante lo solemne del asunto. O de algo que no acabó de satisfacerle del todo. Ya se sabe, estos viejos libros a veces ocultan curiosos enigmas.

faciebat

 BIBLIOGRAFÍA

Epistolario espiritual para personas de diferentes estados compuesto por el P. Iuan de Iesus Maria, prior del Sagrado Yermo de Nuestra Señora del Carmen de Descalços de la Nueva España, Uclés, Convento de San Ioseph, por Domingo de la Iglesia, 1624.

Manuel Toussaint, “La escultura funeraria en la Nueva España”, en Anales, Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM, no, 3, 1944,

Dolores Bieñko de Peralta, “La autobiografía de un carmelita novohispano, fray Juan de Jesús María: prior, fundador del Desierto de los Leones y confesor de Palafox”, en Memoria. XVIII Encuentro de investigadores del pensamiento novohispano, Abraham Sánchez Flores, comp., San Luis Potosí, 2005.