El día 22 y 23 de enero tendrá lugar en el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM un homenaje a Gisela von Wobeser, con el título de De la historia económica a la historia social y cultural.

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No se trata propiamente de comentar su vasta obra, aunque sin duda aparecerá en muchos de los temas expuestos, porque el título refleja bien su evolución intelectual. La mesa relativa a religiosidad se ve muy atractiva, y quien esté en particular interesado en la historia del agro mexicano haría bien en asomarse a estas conferencias. En conjunto, las ponencias presentan un panorama muy completo e instructivo de la actual discusión historiográfica sobre haciendas, propiedad rural, fiscalidad y mecanismos crediticios.  Muchos de los autores tienen trabajos recientes sobre estos temas, que muestran por donde han ido sus inquietues desde sus primeras publicaciones, años ha. También, de una u otra manera, todos (y empleo el plural porque participo con una ponencia) hemos tenido alguna relación académica previa con la homenajeada, lo cual era de esperarse teniendo en cuenta que sus  contribuciones han sido muy relevantes, incluso indispensables en la configuración del estado actual de la cuestión. En este sentido, los organizadores han hecho una excelente labor de convocatoria.

Estas reuniones son propicias, en ocasiones, para referir algunas breves historias y recuerdos personales. No pienso adentrarme en este género (los comentarios informales no se me dan muy bien…), pero es apropiado mencionar aquí que conocí a Gisela en su seminario, cuando era estudiante de la maestría en historia de la UNAM. Tuve entonces ocasión de  comprobar sus amplios conocimientos en historia agraria, su capacidad de síntesis y didáctica exposición, así como apreciar posteriormente su interés continuado en el progreso profesional de sus antiguos alumnos; todavía de tiempo en tiempo me asomaba por su cubículo para consultarle algunos aspectos que no tenía claros (como los malhadados y omnipresentes censos enfitéuticos).  Viéndolo en perspectiva, dos características de mi estilo vienen de sus observaciones y críticas: que un artículo o un libro deben tener una coherencia argumental desde la primera página a la última, evitando innecesarias digresiones; y que la exposición debe ser clara y precisa,  sin excesos retóricos. Aún hoy día, la narración es para mí un medio, no un fin en sí mismo (aunque a veces incurra deliberadamente en algunas derivaciones barrocas….).

Es justo que los alumnos y colegas reconozcan, tanto en lo personal como en lo intelectual, a quienes  han dedicado su vida al progreso de los estudios históricos.  Una de las mejores formas, ciertamente, es continuar con el análisis y reflexión sobre los temas  que a lo largo de los años ocuparon su tiempo y esfuerzo. En estos sentidos, esta reunión promete bien.