Etnohistoria urbana


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Recorrer las ciudades mexicanas es frecuentemente un paseo por la historia. Y no me refiero a antiguos edificios,  sino a que la nomenclatura nos recuerda constantemente a los grandes personajes o las notables fechas conmemorables. Es parte de una didáctica pública, de la historia como alusión a  virtudes heroicas o (menos frecuentemente) logros filantrópicos, científicos o líterarios (por ahí, incluso, aparecen algunos historiadores). No hay ciudad, pueblo o villa sin una calle Francisco I. Madero, o alguna Benito Juárez (de hecho, en la caótica ciudad de México, hay decenas de ellas, para desconcierto de los pobres turistas).  Hay casos muy ilustrativos, y otros simplemente curiosos, como puede verse en una reciente nota sobre la nomenclatura tijuanense, publicada en una interesante revista estudiantil.

Como el presente cambia, el pasado se reconstruye a su imagen y semejanza, y no es raro que un nuevo régimen o gobernante decida la renovación de la geografía urbana. Las ciudades son, en este sentido, metáforas del pretérito.  También son declaraciones de principios y señales identitarias, como puede verse cuando alguien se refiere a una de nuestras más bellas ciudades como Puebla de Zaragoza o Puebla de los Ángeles.

Inversamente, hay personajes que no tienen (casi) ninguna posibilidad de aparecer en la nomenclatura urbana. Ya se sabe, la memoria también está hecha de olvidos.  Pero siempre hay excepciones, provenientes de algún orgullo localista o iniciativa particular, que nos recuerda que lo que llamamos “historia oficial” no es un todo monolítico.   A veces estas propuestas son muy discretas, como las calles de la colonia Lomas de Virreyes, donde se conmemora a los gobernantes de lo que es oficialmente una especie de “no-historia”, en un coqueto barrio de vecinos de altos ingresos. Hay, incluso, en un barrio residencial de Monterrey, una arbolada calle “Hernán Cortés”, en la buena (o mala, según se vea) compañía de Francisco Pizarro y, aún más insólito, de Nuño de Guzmán.

Calle de Hernán Cortés, Monterrey

Calle de Hernán Cortés, Monterrey

El caso de Porfirio Díaz es más complicado. En la ciudad de México hay una calle astutamente llamada “coronel Porfirio Díaz”, lo cual alude al héroe novelesco de la lucha contra la intervención francesa (y no al futuro general y sempiterno presidente). En Oaxaca el orgullo neoporfirista por uno de sus hijos más connotados es menos embozado: hay muchas calles que llevan su nombre e incluso una población que lo porta orgullosamente desde 1948, Miahuatlán de Porfirio Díaz, que fue escenario de una de sus más famosas batallas.

Hay  también esquinas muy llamativas: en Tacubaya (ciudad de México) confluyen las calles de “Primero de mayo” y “Avenida Revolución”, lo cual seguramente no fue (en su momento) una casualidad. Y otras que son paradójicas: otra vez en San Luis Potosí coinciden las calles de Victoriano Huerta (sí, hay una con su nombre) con la Avenida Libertad. Y juro que no me lo estoy inventando. Para colmo de ironías, en la esquina hubo  (o hay, eso no lo sé) una funeraria.

La esquina de Victoriano Huerta y Av. Libertad, S.L.P

La esquina de Victoriano Huerta y Av. Libertad, S.L.P

No he hallado ninguna calle “Maximiliano de Habsburgo”, pero han tenido mejor suerte sus últimos camaradas. Tomás Mejía tiene su calle en Atizapán de Zaragoza, y hay una “General Miguel Miramón”, en la colonia Martín Carrera, México D.F.

Resultaría excesivo ver en todas estas toponimias un propósito. A veces pueden haber sido resultado de la falta de conocimiento o de imaginación de la pertinente oficina municipal (ya se sabe, son demasiadas calles, y algunas acaban quedándose con nombres tales como “calle 4” o “norte 33”).  Pero en la mayoría hubo una intención detrás, que se sobrepone a otras previas sobre el pasado conmemorable, a modo de una estratigrafía de la memoria. Es algo en donde un historiador bien podría realizar sus excavaciones.

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Las imágenes  provienen del siempre indispensable Google Street View.

Este artículo (publicado en francés) estudia los orígenes, características y situación social de los negros y mulatos que trabajaban en la Real Casa

Mulato (fragmento de pintura, Museo Nacional del Virreinato)

Mulato (fragmento de pintura, Museo Nacional del Virreinato)

de Moneda de la ciudad de México.  Se trata de un grupo importante tanto por su número como porque de su labor  (sobre todo en la fundición, donde eran mayoría) dependía la buena ley de la moneda que alimentaba las finanzas del Imperio español y era utilizada como medio primordial de cambio en el comercio internacional de aquel entonces.

El texto describe la larga historia de estos trabajadores de la ceca, ocupados de alguna de las labores más duras e insalubres de la producción. Como podrá apreciarse, es un devenir que no puede reducirse a la descripción de su condición de esclavos. Por el contrario, estos hombres buscaron y lograron aprovechar todos los recursos y medios disponibles a su alcance, algunos legales y otros no tanto, para conseguir y defender un espacio propio bajo muy difíciles circunstancias. A principios del siglo XVIII, de hecho, los administradores de la ceca decían que los esclavos negros tenían “una manera de vivir muy alejada de la que debia ser propia de la esclavitud”, lo cual entre otras cosas explica la preferencia posterior por el trabajo asalariado libre.

Esta contribución aparece dentro de la obra colectiva Les esclavages en Amérique coloniale, editada por Bernard Grunberg, Paris, Éditions L’Harmattan, 2013, 233p. ISBN : 978-2-336-29183-3

Hay también otros capítulos del mayor interés, como puede verse en el siguiente índice de la obra:

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Présentation

L’esclavage en Espagne et Nouvelle-Espagne. Continuité et adaptation (XVIe-XVIIe siècles) – J. Montemayor

Noirs et Mulâtres à l’Hôtel Royal des Monnaies de Mexico. Histoires d’une discrimination et d’une survie au quotidien – F. Castro Gutiérrez

Negros, Mulatos, Pardos, Jarochos : Chemins et représentations du métissage des Noirs dans la région de Veracruz – A. Stella

La production de yerba mate et l’exploitation de la main-d’oeuvre indigène dans le Paraguay colonial (XVIe-XVIIIe siècles) – P. Domingo

“De l’instruction des Nègres”. Le jésuite Pelleprat et l’éducation religieuse des esclaves dans les Petites Antilles françaises au milieu du XVIIe siècle – É. Roulet

Les Pays-Bas et le commencement de la traite vers les Antilles anglaises et françaises, 1640-1700 – P. Emmer

De la catégorisation des populations coloniales à leur racialisation : l’exemple des colonies des Antilles françaises – F. Régent

La mer, espace de liberté ? Marrons maritimes aux Caraïbes (1750-1802) – M. Lienhard

Masques noirs, murs blancs – É. Noël

L’esclavage à l’époque coloniale : contribution de l’archéologie funéraire. Le cimetière d’Anse Sainte-Marguerite (Guadeloupe) – P. Courtaud

L’esclavage dans les premiers guides touristiques des Antilles françaises (1913, 1931) – D. Bégot

L’histoire de la traite négrière et de l’esclavage au lycée : ouverture des programmes et ambiguïtés nouvelles – M.A. de Suremain

Documents : Lettre au roi de l’archevêque de Mexico sur l’esclavage des Noirs (Mexico, 30 juin 1560) ;

Les Indiens caraïbes, acteurs et objets de traite aux Antilles françaises (XVIIe-XVIIIe siècle)

Varia

La conquête des Itza – V. Testa

Documents : Les missionnaires espagnols face au dernier “royaume maya”

Comptes rendus : Susan Schroeder, Stafford Poole [Éd.], Religion in New Spain, 2007 (É. Roulet) ; Patrick Saurin, Les fleurs de l’Intérieur du ciel. Chants de l’ancien Mexique, 2009 (É. Roulet) ; Hélène Vignaux, Esclavage et rébellion. La construction sociale des Noirs et des Mulâtres (Nouvelle Grenade, XVIIe siècle), 2007 (M. Fouchart) ; Hélène Vignaux, Esclavage, traite et évangélisation des Noirs dans le Nouveau Royaume de Grenade au XVIIe siècle, 2008 (M. Fouchart)

La obra está disponible en el sitio web de ediciones L’ Harmattan.

Acaba de salir publicado mi artículo “La justicia del rey y los falsificadores de moneda en la Nueva España en el siglo XVIII”, en la revista

Estampa de monedas falsas. Fuente: AGN

Estampa de monedas falsas. Fuente: AGN

Colonial Latin American Historical Review, vol. 17, 2008, no. 4.

La falsificación de la moneda siempre provocó la preocupación de las autoridades novohispanas. Este artículo describe el origen y composición social de los delincuentes, así como los recursos técnicos y los medios que utilizaban para fabricar y distribuir las monedas falsas. Se ocupa asimismo de la legislación existente, de los procedimientos empleados para combatir este delito, y comenta los cambios ocurridos a raíz del establecimiento de la administración estatal directa de la Real Casa de Moneda. Argumenta, finalmente, que los efectos económicos de la falsificación fueron escasos en la Nueva  España, y que para los funcionarios se trataba sobre todo de mantener el principio de autoridad y preservar uno de los símbolos más relevantes de la monarquía.

Este artículo forma parte de una “trilogía del crimen”, que incluye el publicado previamente en Estudios de Historia Novohispana (no. 46, 2012, p. 83-113) con el título de “El gran robo a la Real Casa de Moneda de México. La delincuencia y los límites de la justicia en la ciudad de México” y uno en preparación sobre “delitos de cuello blanco”, en este caso sobre el fraude masivo y continuo del que fueron acusados, en 1729, el tesorero, oficiales de la Casa de Moneda y los comerciantes de plata, en perjuicio del público y del rey.

El artículo tiene como asunto un cuantioso robo de plata ocurrido en 1739 en la Real Casa de Moneda de México. Aparte su interés en sí, el caso abre perspectivas reveladoras sobre los logros, limitaciones y ambigüedades en la impartición de justicia, y la relativa facilidad con que los delincuentes podían escapar o bien refugiarse en sagrado. Asimismo, el trabajo examina los antecedentes, residencia, etnicidad y actitudes del grupo criminal, y concluye que la combinación de resentimiento social, la ausencia de respeto hacia el orden social y las urgencias de la vida cotidiana podían llevar a muchos miembros de la plebe urbana hacia la delincuencia ocasional o, como en este caso, hacia crímenes mayores.

El texto completo está disponible en línea en Estudios de Historia Novohispana, no. 46, 2012, p. 83-113

Felipe Castro Gutiérrez, sobre

Tomás Jalpa Flores,  La sociedad indígena en la región de Chalco durante los siglos XVI y XVII, México,  CONACULTA – INAH,  2009,  493 p.

La historia de Chalco siempre ha atraído el interés y la imaginación de los historiadores. Hay buenas razones, porque fue el asiento de importantes señoríos prehispánicos, con una población numerosa y étnicamente heterogénea; presenció posteriormente el arribo y tránsito de Hernán Cortés y sus hombres, y fue donde muy pronto se desarrolló la economía española y las haciendas que convirtieron la región en el granero de la capital virreinal. Muchas obras se habían ocupado incidentalmente de Chalco, pero realmente nos hacía una falta un estudio exacto y minucioso, como el que ahora presenta Tomás Jalpa Flores.

Publicado en Estudios de Historia Novohispana, no. 45. Para leer el texto completo, haga click aquí

Hay dos calles llamadas “Historiadores” en la capital mexicana; como es bien sabido, la ciudad ha sido diseñada para confundir a los visitantes.

Una de ellas está en el elegante San Ángel, entre calles que recuerdan un origen campestre, como Comunal y Tecoyotitla. Hoy día es una calle empedrada y arbolada,  y tiene en un extremo al exclusivo Centro Escolar Cedros. La colonia, de manera bastante incongruente, se sigue llamando “Agrícola”. No se ve un alma, aunque sí muchos automóviles estacionados.

La otra no puede presentar un mayor contraste. Se halla en Iztapalapa, y es una calle secundaria, en un rumbo popular, en una colonia que recibe el nombre de El Sifón, quizás por alusión a alguna antigua  instalación hidráulica

Los vecinos han hecho un esfuerzo por embellecer su calle plantando unos cuantos arbolitos. Hay siempre mucha gente caminando, amas de casa realizando las compras del día, y trabajadores atareados en sus obligaciones cotidianas. Comienza (muy apropiadamente) en la esquina de Tláloc, cruza la de  Otorrinolaringólogos (o sea, una especialidad que se adentra donde muchos preferiríamos no ver) y termina en Cardiólogos, que es un importante “eje vial”. Continúa del otro lado de la avenida, pero se llama Ignacio Allende.

Algo han de querer decir estas calles y su historia sobre el origen y la evolución de nuestra profesión, pero aun no estoy muy seguro de que sea.

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Fotos, cortesía de Google Maps

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