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En 2011 concluí mi libro sobre Historia social de la Real Casa de Moneda de México, que tras las inevitables dilaciones salió de prensas el siguiente año. En el ínterin, han aparecido varias novedades de interés sobre el tema de las cecas indianas, que aquí reseño brevemente sólo para dar noticia de ellas. Incluyo el “vínculo” cuando están disponibles en línea.
Tengo la intención de actualizar periódicamente esta compilación; iré añadiendo recursos de interés y suprimiendo los que ya tienen algunos años.

Ordenanzas de la casa de moneda en la capital del estado libre federado de los Zacatecas, Zacatecas, Imp. de Pedro Piña, 1827.
Esta ordenanza evidentemente no es una “novedad”, sino más bien un texto nuevamente disponible.  Aunque pertenece al periodo “nacional”, la incluyo aquí porque por su fecha es muy razonable suponer que describe mucho de la experiencia en la acuñación colonial, con las inevitables adecuaciones al nuevo marco político.

Diana Bonnet Vélez, ” Oficios, rangos y parentesco. Los trabajadores de la Casa de la Moneda de Santafé. 1620- 1816″, Historia y memoria, no. 6a, año 2013, p. 103 – 141.
Un muy buen estudio de la ceca bogotana, que muestra una organización administrativa y laboral muy similar a la mexicana, con prácticas sociales también afines. Como dice la autora “La edad de los trabajadores oscilaba entre 40 y 60 años. La mayoría de los trabajadores estaban casados. Existía por parentesco, de generación en generación una especialización en un oficio determinado. Dentro de la misma Casa de la Moneda se podrían alcanzar posiciones más altas. Es decir, se podía hacer una especie de carrera en torno a las actividades relacionadas con la ejecución de la moneda. Inicialmente se adquiría el cargo en interinidad y luego en propiedad. Algunos trabajadores no cobraban sueldo, sino que aprendían el oficio para luego ser nombrados en propiedad.” La autora señala la relevancia de las relaciones de parentesco y la monopolización de los cargos en manos de determinadas familias, así como las diferencias que presentaba una ceca con una producción mucho más limitada que la de sus pares en México o Lima.

Kris Lane, “Corrupción y Dominación Colonial: El Gran Fraude a la Casa de la Moneda de Potosí en 1649”, en  Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”,  núm. 43, 2015, p. 94-130.
El gran fraude desarticulado por un visitador en la ceca potosina (en el virreinato peruano y la actual Bolivia) ha atraído la atención de varios historiadores. El autor ha dado un interesante giro a la discusión: en efecto, hubo una conspiración criminal, pero por otro lado la sistemática devaluación oculta de la moneda respondía a una situación que iba más allá de las mayores o menores virtudes morales de los oficiales que gobernaban la ceca. Esto es, la crisis de la minería, los muchos años de laxa supervisión gubernamental, la venta de oficios y las facilidades que brindaba la proliferación del trabajo esclavo.

Mª Teresa Muñoz Serrulla, “Legislación monetaria: la moneda de los reinos de Indias en época moderna”, en La moneda: Investigación numismática y fuentes archivísticas, Mª Teresa Muñoz Serrulla (comp., ed.,), Madrid, Asociación de Amigos del Archivo Histórico Nacional, 2012, p.
Existe en España una muy envidiable tradición sobre investigación numismática, notablemente en la Cátedra de Epigrafía y Numismática de la Universidad Complutense de Madrid.  Un muy buen ejemplo lo proporciona este libro colectivo. El capítulo que aquí especifico revisa una legislación que en términos generales es bien conocida, pero de la que la autora hace pertinentes comentarios. Adiciona, además, algunas fuentes de interés para el estudioso de los aspectos jurídicos e institucionales de este tema. En particular, llama la atención sobre las “consultas”  que hacían los consejos reales de (de Hacienda,  de Castilla y de Indias), que eran los responsables de la política monetaria, que usualmente incluyen opiniones y dictámenes sobre distintos asuntos. Parece un recurso muy revisable, del que he tomado debida nota.

Thomas Hillerkuss y Georgina Indira Quiñones Flores han publicado en Relaciones no. 142, 2015, con notas y comentarios, el testamento de Luis Núñez Pérez de Meñaca, quien fue tesorero de Santa Cruzada y después ensayador de la Casa de Moneda de México entre 1584 y 1610. El texto es muy interesante porque se refiere a un periodo poco documentado y por lo mismo escasamente conocido de la historia de la ceca. También nos permite acceder a informaciones, habitualmente muy escasas, sobre la vida, desempeño e intereses de quienes que en esta época adquirían el oficio en remate público. El artículo refiere su origen en una próspera familia de judíos conversos, las vías por las que pudo adquirir el cargo, su enlace en segundas nupcias con una influyente familia de la oligarquía novohispana y su fallido intento por convertir su oficio en hereditario.

Luis Javier Cuesta Hernández,  “Algunas reflexiones sobre la Casa de Moneda de la ciudad de México y Luis Díez Navarro”, Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, vol. XXXVI, núm. 104, 2014, pp. 189-205.
El artículo estudia el carácter de la sobria portada de la ceca mexicana, diseñada por el ingeniero militar Díez Navarro y propone que retoma el diseño de los reales “columnarios” de a ocho reales. Hace notar que, precisamente, la puerta tuvo el real emblema y las fajas de la portada llevaban originalmente los lemas “Utraque unum” y “A Solis Ortu Usque ad Occasum’”, lo cual la acercaba al diseño monetario. Estas alusiones debieron ser borradas con la damnatio memoriae que sobrevino con  la independencia. El autor hace también reflexiones sobre un frecuentemente reproducido plano de la ceca de 1737, que atribuye al mismo Díez Navarro, comparándolo con otros del mismo autor.

Áurea quersoneso: estudios sobre la plata iberoamericana: siglos XVI-XIX, coord. por Gonçalo de Vasconcelos e Sousa, Jesús Paniagua Pérez, Núria Salazar Simarro; Lisboa, Universidade Católica Portuguesa – Instituto de Humanismo y Tradición Clásica – CONACULTA – INAH, 2014.
Este libro tiene contenidos de desigual interés. Varias contribuciones son textos breves, afines al antiguo género de “noticias sobre…”. Por otro lado, hay otros textos que ameritan una visita a la biblioteca. En particular:

Alma Parra, “Los molinos y la molienda en los procesos de producción minera en México”, Aurea quersoneso: estudios sobre la plata iberoamericana: siglos XVI-XIX, p. 47-60.
Aunque se ocupa de la molienda en los reales de minas, es también aplicable a las casas de moneda, donde las cizallas debían procesarse por este método para recuperar la plata.

Alma Montero Alarcón, “Los ensayadores Lince, Arance, Forcada y Dávila en archivos mexicanos”, p. 144-192.
El trabajo se ocupa de los ensayadores mayores de la Nueva España/México que estuvieron activos entre 1779  y 1823. Tiene mucha razón al decir que pese a su importancia, se conoce poco de ellos. Hay datos y comentarios sobre su trayectoria administrativa y el contexto (en particular la guerra de independencia) en que ejercieron su oficio.

Juan Manuel Blanco Sosa, “La moneda columnaria en tiempos de Felipe V. Los avatares de su acuñación en la Real Casa de Moneda de México” p. 141-154
Tiene detalles sobre las vicisitudes del grabado de esta moneda.

Santiago Nicolás Blanco, “Nicolás Moncayo: su desempeño como jefe de talla en la Ceca de Potosí”, Historia digital, XV, 25, 2015.
Datos sobre este grabador. que se formó en México como discípulo de Gerónimo Antonio Gil y luego se desempeñó en la ceca potosina como jefe de talla desde 1797 hasta 1825. Fue el responsable de varias medallas conmemorativas de hechos militares realistas.

Robert I. Nesmith, La acuñación de la primera Casa de Moneda de las Américas en la ciudad de México. 1536-1572. Ensayo numismático, trad. y pról. de  Elsa Lizalde Chávez,  México, Banco de México, 2014.
El Banco de México ha editado en español la clásica obra de Robert I. Nesmith, The coinage of the First Mint of Americas at Mexico city,  cuya primera edición data de 1955.
La primera parte es una historia de la ceca en su época inicial, apoyándose en la visita de Tello de Sandoval a la ceca mexicana, así como en las compilaciones documentales y  estudios históricos disponibles hace medio siglo. La parte iconográfica, con reproducciones de monedas, es obra de consulta y referencia obligada para los numismáticos.

Jorge A. Proctor, “Los ensayadores de la casa de moneda de Potosí durante el reinado del Rey Felipe III (1598-1621)”, en  Gaceta Numismática, no. 189, junio 2015, p.87-102. Es una noticia de los oficiales de esta renombrada ceca, con detalles de interés sobre las formas y condiciones de adjudicación del oficio, así como algo que siempre apasiona a los numismáticos: las posibles señales o marcas que cada ensayador debía cuidar que se imprimiera en las monedas a su cargo.

En la misma Gaceta numismática, Pedro Damián Cano Borrego ha publicado varios artículos de interés. Algunos están repartidos en números consecutivos, lo cual hace complicada la lectura. Es más fácil verlos en su espacio en academia.edu

Lo bueno (o lo malo, según se vea) de ser un historiador es que a cadaRecopilacion de leyes rato se halla que las que se presentan como nuevas ideas y propuestas legislativas son en realidad la más reciente versión de antiguas disposiciones. Pasa con los derechos de los pueblos indígenas, la aceptación de los ” usos y costumbres” y ahora con las medidas para evitar la corrupción de los funcionarios públicos, que (ciertamente con buenas razones) han proliferado en muchos países latinoamericanos.

Los intentos de solución tienen, de hecho, largos e ignorados precedentes coloniales, relacionados con los oficiales del rey y en particular con los oidores o miembros de la Real Audiencia, el mayor y más importante tribunal. La administración de justicia siempre fue considerada como uno de las facultades esenciales del buen gobierno.

Para evitar toda colusión o influencia indebida, los oidores no solamente debían ser ajenos al reino en que eran jueces, sino que a lo largo del siglo XVI fueron aprobándose medidas que ordenaban su casi total aislamiento de la sociedad, como aparece profusa y detalladamente en la Recopilación de las leyes de los reynos de Indias.  Por estas normas (que eran incluso más restrictivas que las vigentes en la metrópoli), los oidores no podrían en el ámbito de su jurisdicción:

  • Tener encomiendas, adquirir propiedades, ni tener parte en “tratos y contratos”
    ley xxxxvii, tit III lib II

    Recopilación…ley xxxxvii, título III, libro II

    comerciales o mineros, tanto ellos como sus esposas, hijos o allegados, fuese por sí o por terceras personas.

  • Contraer matrimonio en su jurisdicción, ellos o sus hijos, salvo autorización previa. Los hijos por regla general tampoco debían acompañar a sus padres.
  • Realizar visitas sociales, apadrinar bautizos o matrimonios, asistir a entierros, así como participar en reuniones o entretenimientos públicos, a no ser que acudieran con los demás oidores y en razón de su cargo.
  • Recibir en su casa a abogados o escribanos, y menos aún tener acuerdos con ellos.
  • Aceptar regalos, tomar o dar dinero en préstamo, llevar derechos u honorarios por cualquiera de sus actuaciones; su único ingreso debía ser el salario.
  • Participar en causas como litigantes, salvo autorización previa.
  • Finalmente, debían declarar sus bienes, y presentar una fianza antes de ocupar sus cargos, por cualquier demanda legal que pudiera presentarse.
ley xxx, tít III, libro II

Recopilación….ley xxx, título III, libro II

Todo esto se mandaba bajo severas penas, que implicaban al menos la destitución en caso de contravención y frecuentemente pesadas multas. Asimismo, cada tanto y de manera aleatoria había “visitadores” o inspectores que podían recibir quejas sobre los oidores, abrirles causas y destituirlos. También debían rendir un  juicio “de residencia” al final de su mandato ante un juez especialmente designado para ese fin,  y durante el cual cualquier persona podía quejarse en su contra.

Para compensar estas restricciones, los oidores obtenían autoridad, honras y competentes salarios. Eran, sin duda, importantes personalidades, que recibían (en general) el respeto de los súbditos.

¿Hasta dónde estas disposiciones tuvieron efecto y consiguieron una administración de justicia imparcial y libre de compromisos? La respuesta es que sólo hasta cierto grado.

Por un lado, tan amplias prohibiciones eran inaplicables en la práctica. Tomadas literalmente, hubieran supuesto una especie de enclaustramiento casi monástico de los jueces, como en su momento comentó Lohman Villena para el caso peruano. Los oidores habrían tenido que permanecer célibes o buscar cónyuges fuera de su jurisdicción (lo cual llegaba a ocurrir, mediante apoderados), no habrían podido comprar o rentar casa para vivienda, adquirir bienes para su consumo o conveniencia, estar presentes en la formación y educación de sus hijos;  y habrían debido permanecer sin vida ni trato social.

En los hechos esto no fue así. Estas normas se mantuvieron con algún rigor bajo los Austrias mayores, pero en el siglo XVII la Corona relajó la vigilancia sobre sus representantes indianos. Los oidores solían pedir permisos y exenciones, sobre todo para contraer matrimonio, y se concedían “por excepción”, dejando teóricamente en vigor la norma general. Permanecían largos años en la misma jurisdicción, lo cual inevitablemente les traía compromisos derivados de las amistades (y de algunas enemistades). Era asimismo muy difícil evitar que hicieran transacciones y negocios mediante terceros, recibieran favores y regalos, o que tuvieran directa o indirectamente relaciones personales con los abogados o partes litigantes, con los que inevitablemente se encontraban en la vida diaria. La extrema severidad de las leyes derivaba en su inaplicabilidad práctica,  lo cual a su vez provocaba que hubiera un amplio espacio de conductas y situaciones sobre las que no existía regulación alguna, porque se suponía que no debían existir.

El resultado de todas estas medidas y ambigüedades sobre la administración de justicia no es fácil de evaluar. En términos generales, no hay duda de que el alto tribunal era burocrático, el procedimiento judicial tortuoso y los litigios a veces tardaban años en sentenciarse. En algunos casos, “disimulaban” francos abusos, como el repartimiento de mercancías que realizaban los alcaldes mayores; pero, por otro lado, no era raro que sentenciaban en favor de los pueblos de indios en sus litigios contra poderosos hacendados. Pero es muy notorio que en la época, personas, grupos y corporaciones acudían ante este tribunal con una razonable expectativa de obtener justicia, lo cual contribuía a evitar trastornos y violencias. Fue, sin duda, una de las razones que explican la remarcable estabilidad del régimen indiano durante casi tres siglos.

A estas alturas, el lector probablemente esté esperando alguna especie de moraleja aplicable a nuestros días. En realidad, aunque la historia explica el presente, no creo que proporcione guías o directivas para la acción inmediata. A veces parece que la sociedad se mueve en forma circular, y que no hay nada nuevo bajo el sol, pero no es exactamente así. El contexto político y cultural de nuestros días no es el mismo, evidentemente. A lo sumo, podría decir que ninguna legislación modifica mágicamente la realidad, que las leyes severísimas acaban por no ser cumplidas, y que una buena normativa no debería buscar algo tan  imposible como evitar todo trato o afinidad entre gobernantes y gobernados, sino procurar su vigilancia y reglamentación para que un conflicto de interés no afecte la independencia de criterio del juzgador o del gobernante.

…………..

Si le interesa la historia del tema, puede consultar

Mark A. Burkholder y Chandler, D S., De la impotencia a la autoridad: la Corona española y las audiencias en América, 1687-1808, México, Fondo de Cultura Económica, 1984.

Guillermo Lohman Villena, Los ministros de la Audiencia de Lima en el reinado de los Borbones, 1700-1821, Sevilla, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Escuela de Estudios Hispano-Americanos, 1974.
Luis Navarro García,”Honra, pobreza y aislamiento de los oidores indianos”, Temas americanistas, Nº 1, 1982, p. 11-15.
Ethelia Ruiz Medrano, Gobierno y sociedad en Nueva España. Segunda audiencia y Antonio de Mendoza, Zamora, El Colegio de Michoacán, 1991.

Ya apareció mi artículo sobre

“La visita del virrey conde de Galve a la Real Casa de Moneda de Homenaje Herrera CanalesMéxico”, en Comercio y minería en la historia de América Latina. Homenaje a Inés Herrera Canales,  José Alfredo Uribe Salas, Eduardo Flores Clair (coords.), Morelia, Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo – INAH – El Colegio de San Luis, 2015, p. 123-142.

Este trabajo aborda una visita o inspección realizada en 1693 por el virrey conde de Galve a la Real Casa de Moneda de México. En las averiguaciones, testimonios y cargos pueden hallarse datos de interés sobre los aspectos institucionales, productivos y técnicos de esa institución en años que conocemos poco. Es asimismo una coyuntura particularmente notable porque es cuando ocurre el inicio del gran crecimiento productivo que llevaría a la ceca mexicana a convertirse en la mayor productora monetaria del Imperio español y, de hecho, del mundo. Asimismo, de los autos se derivan conclusiones valiosas sobre el papel de los “compradores” de plata (como Domingo de Larrea, Luis Sáenz de Tagle, José de Retes, Dámaso de Saldívar y Francisco de Valdivielso), la condición de la circulación monetaria y algunas reflexiones sobre las formas de gobierno del Imperio.

El texto fue presentado en una versión preliminar en el coloquio y homenaje a Inés Herrera, realizado en Morelia el 3 de diciembre de 2015.

De la historia económica a la social y cultural. Homenaje a Gisela von Wobeser, María del Pilar Hom Gisela von WobeserMartínez López-Cano (coord.), México, Instituto de Investigaciones Históricas – UNAM, 2015, 358 p.

Hace cosa de un año varios académicos nos reunimos para rendir homenaje a Gisela von Wobeser, señalar sus aportaciones al conocimiento de nuestro pasado, así como a su remarcable labor en la docencia y en la coordinación de proyectos colectivos e institucionales. De esta iniciativa se derivó un libro que acaba de salir de prensas en el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM. En él se halla mi trabajo sobre “Los ires y devenires del fundo legal de los pueblos de indios”, actualmente disponible en línea. Aquí dejo un breve resumen.

El llamado “fundo legal” de los pueblos de indios es una figura legal y concepto que ha interesado e intrigado a los historiadores desde largo tiempo atrás. En efecto, esta concesión de tierras (primero de 500, luego de 600 varas por cada “viento”) fue fundamental para la supervivencia de los pueblos, en cuanto aseguraba un mínimo de tierras que se distribuían entre las familias para la vivienda, subsistencia y pago de contribuciones. En este trabajo retomo la discusión sobre sus orígenes como una zona de exclusión, donde no podían establecerse propiedades agropecuarias de españoles, y sostengo que la norma cayó prácticamente en el olvido durante más de un siglo, hasta que la edición de un cedulario en 1678 la trajo nuevamente al foro. Esto explicaría el súbito incremento de su aplicación, que ahora se vuelve una demanda de posesión de tierras, al grado que motivó las quejas de los hacendados y la emisión de una real cédula que reglamentaba y restringía ese derecho. En muchos aspectos esta nueva normativa dejó incertidumbres que fueron resueltas sobre la marcha, en la medida que las demandas y alegatos de los interesados iban creando una jurisprudencia aplicable. Finalmente, me ocupo de varios cambios notables ocurridos en la segunda mitad del siglo XVIII, particularmente por renovados conflictos agrarios, la virtual privatización de las parcelas comunitarias y la existencia de asentamientos de peones (indios, pero también mestizos y mulatos) que “se llamaban a pueblo” y reclamaban sus 600 varas. Todo ello atrajo la preocupación de las autoridades y polémicas en la Real Audiencia entre quienes defendían la tradicional actitud paternalista ante los pueblos y aquéllos que propugnaban por someter sus recursos a un mayor control gubernamental para incrementar la producción y rentabilidad. En el fondo, detrás de esta conflictiva evolución se encontraba una antigua discusión filosófica: la contradicción entre la defensa del bien común y la amplia influencia de múltiples intereses particulares.

El índice general de la obra es el siguiente:

Introducción. De la historia económica a la historia social y cultural. Gisela von Wobeser y la historiografía novohispana, María del Pilar Martínez López-Cano

EL AGRO NOVOHISPANO
Los estudios sobre la hacienda novohispana en sus años dorados, Margarita Menegus
La distribución de la tierra en la región de los volcanes durante los siglos XVI-XVII, Tomás Jalpa Flores
Los ires y devenires del fundo legal de los pueblos de indios, Felipe Castro Gutiérrez
Urbs in rure. La casa del hacendado don Antonio Sedano y Mendoza en Acámbaro (1688), Gustavo Curiel

LA IGLESIA EN LA ECONOMÍA
De México al Río de la Plata: influencias historiográficas, en la historia de la Iglesia hispanoamericana, María Elena Barral
El primer libro de censos de la ciudad de Puebla, siglo XVI. Estructura y posibilidades de estudio, Francisco Javier Cervantes Bello
Plata mexicana para Napoleón I. La Consolidación de Vales Reales y el comercio neutral en Veracruz, 1805-1808, Carlos Marichal Salinas
Los particulares y las rentas eclesiásticas: la tesorería de Cruzada, María del Pilar Martínez López-Cano

IGLESIA Y RELIGIOSIDAD: IMÁGENES Y CONCEPTOS
El umbral de la vida religiosa: el noviciado de los frailes mendicantes, Asunción Lavrin
Santa Teresa en la Nueva España: apuntes para el estudio de una devoción, Manuel Ramos Medina
San Felipe de Jesús, el primer santo criollo, Enriqueta Vila Vilar
Construyendo el paraíso o cubriendo necesidades: las imágenes milagrosas de la ciudad de México en el Zodiaco mariano (1600-1755), Antonio Rubial García
Notas sobre la elaboración del Nican Mopohua, Rodrigo Martínez Baracs
Mis aprendizajes con Gisela, Virginia García Acosta

Obra impresa completa de Gisela von Wobeser

El día 22 y 23 de enero tendrá lugar en el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM un homenaje a Gisela von Wobeser, con el título de De la historia económica a la historia social y cultural.

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No se trata propiamente de comentar su vasta obra, aunque sin duda aparecerá en muchos de los temas expuestos, porque el título refleja bien su evolución intelectual. La mesa relativa a religiosidad se ve muy atractiva, y quien esté en particular interesado en la historia del agro mexicano haría bien en asomarse a estas conferencias. En conjunto, las ponencias presentan un panorama muy completo e instructivo de la actual discusión historiográfica sobre haciendas, propiedad rural, fiscalidad y mecanismos crediticios.  Muchos de los autores tienen trabajos recientes sobre estos temas, que muestran por donde han ido sus inquietues desde sus primeras publicaciones, años ha. También, de una u otra manera, todos (y empleo el plural porque participo con una ponencia) hemos tenido alguna relación académica previa con la homenajeada, lo cual era de esperarse teniendo en cuenta que sus  contribuciones han sido muy relevantes, incluso indispensables en la configuración del estado actual de la cuestión. En este sentido, los organizadores han hecho una excelente labor de convocatoria.

Estas reuniones son propicias, en ocasiones, para referir algunas breves historias y recuerdos personales. No pienso adentrarme en este género (los comentarios informales no se me dan muy bien…), pero es apropiado mencionar aquí que conocí a Gisela en su seminario, cuando era estudiante de la maestría en historia de la UNAM. Tuve entonces ocasión de  comprobar sus amplios conocimientos en historia agraria, su capacidad de síntesis y didáctica exposición, así como apreciar posteriormente su interés continuado en el progreso profesional de sus antiguos alumnos; todavía de tiempo en tiempo me asomaba por su cubículo para consultarle algunos aspectos que no tenía claros (como los malhadados y omnipresentes censos enfitéuticos).  Viéndolo en perspectiva, dos características de mi estilo vienen de sus observaciones y críticas: que un artículo o un libro deben tener una coherencia argumental desde la primera página a la última, evitando innecesarias digresiones; y que la exposición debe ser clara y precisa,  sin excesos retóricos. Aún hoy día, la narración es para mí un medio, no un fin en sí mismo (aunque a veces incurra deliberadamente en algunas derivaciones barrocas….).

Es justo que los alumnos y colegas reconozcan, tanto en lo personal como en lo intelectual, a quienes  han dedicado su vida al progreso de los estudios históricos.  Una de las mejores formas, ciertamente, es continuar con el análisis y reflexión sobre los temas  que a lo largo de los años ocuparon su tiempo y esfuerzo. En estos sentidos, esta reunión promete bien.

 

Acaba de aparecer:

El impacto local de una producción global. La Real Casa de Moneda de México y sus proveedores, 1732-1821ALHE
América Latina en la Historia Económica, vol 22, núm. 1 , 2015.

Este artículo aborda el efecto de “derrama” o impacto de los gastos de la Real Casa de Moneda en la capital de Nueva España, en razón de la construcción de instalaciones, adquisición de maquinaria y compra de insumos tales como combustible, animales de tiro y refinación de minerales no preciosos como el cobre.  Describe la manera en que el establecimiento de la administración gubernamental directa, a partir de 1732, implicó la introducción de principios racionales en la contratación y supervisión de proveedores. Finalmente, se propone que el estudio del efecto local del gasto público es un tema que podría abrir perspectivas de interés en la historia de la economía de sociedades premodernas.

Está disponible en línea aquí

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