Reseñas


Reseña deportada_lipsett

Sonya Lipsett-Rivera,  Gender and the Negotiation of Daily Life in Mexico, 1750-1856 (Lincoln, University of Nebraska, 2012, 336 p.)

Como se menciona en la introducción, esta obra comenzó como un proyecto sobre violencia doméstica que derivó hacia una perspectiva en la cual este tema no fue un fin en sí mismo, sino la vía de acceso a una materia más amplia. La propuesta es que hombres y mujeres construyen, habitan y dan vida a edificios y ciudades que corresponden con sus ideas sobre el rango, moralidad, honor y jerarquía; y estas mismas ideas (que varían en distintas épocas y sociedades) les llevan a cumplir con ciertas reglas de cortesía y respeto mutuos. Esto se aprecia en la forma de vestir, entrar a una casa, sentarse en determinado lugar, en el lenguaje corporal, las formas de cortesía y en general en actitudes que no solamente ocurren en las mansiones de la élite, sino también en habitaciones modestas, patios, iglesias, mercados y tabernas -de hecho en todo lugar de reunión…

(para ver el texto completo, acuda a la revista virtual Nuevo Mundo – Mundos Nuevos, enero 2016).

Ileana Schmidt Díaz de León, El Colegio Seminario de indios de San Gregorio y el desarrollo de la indianidad en el centro de México, Schmidt Colegio Sn Gregorio1586-1856, México, Universidad de Guanajuato – Plaza y Valdés, 2012, 218 p.

Las instituciones de la capital novohispana dedicadas a los indios han sido objeto de mucho interés de parte de los historiadores, desde el Juzgado General de Indios y los gobiernos de las “parcialidades” de San Juan Tenochtitlan y Santiago Tlatelolco, pasando por el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, el convento de indias cacicas de Corpus Christi, el Hospital Real de Naturales, las muy numerosas cofradías, hasta el Colegio Seminario de Indios de San Gregorio, que es el tema de este interesante y muy pertinente libro. Hay antecedentes valiosos y atendibles en los estudios sobre esta institución fundada por los jesuitas, pero este es el primer libro que la abarca en extenso, desde su fundación en 1586….

(Véase el resto de la reseña en Nuevo Mundo –  Mundos Nuevos, octubre 2014.)

 

Nikolaus Böttcher, Bernd Hausberger y Max Hering Torres (comps.),  El peso de la sangre. Limpios, mestizos y nobles en el mundo hispánico, México, El Colegio de México, 2011, 320 p.

La sangre, ese “humor rojo contenido en las arterias y venas”, como lo definía en sus inicios la Madre Academia, ha sido siempre asunto de Relaciones134fascinación, interés y, en ocasiones, temor. Es (entre muchas otras) sangre honrosa de las heridas en combate, sangre del linaje, que pasa de padres a hijos, sangre de los toros vertida en la arena, o Divina Sangre de Cristo, reverenciada en el vino consagrado. La sangre vale también, como nos recuerda el mismo diccionario, por “alcuña, linaje o parentesco”. En este sentido el medio se refiere al destino: honroso, ilustre, maculado o impuro. Tienen razón los editores en la introducción a este libro cuando dicen que la sangre pesa, incide en las relaciones sociales, determina jerarquías, y ha sido una representación, un vehículo retórico para establecer la cercanía o la distancia entre grupos humanos….

(Para leer el resto de la reseña, acuda al sitio web de la  revista Relaciones, de El Colegio de Michoacán, no. 134, primavera 2013, vol. XXXIV.

Ana de Zaballa Beascoechea (ed.): Los indios, el Derecho Canónico y la justicia eclesiástica en la América virreinal, Madrid, Iberoamericana Vervuert, 2011, 244 pp.

La historia de la justicia civil en Hispanoamérica colonial ha pasado por varias etapas: desde la primaria e indispensable recopilación de leyes y ordenanzas, transitando por la historia institucional, la de las ideas, hasta llegar a una perspectiva cultural y los temas propios de la antropología jurídica. Existe una relación genética y progresiva entre algunas de estas orientaciones, porque paulatinamente hemos alcanzado una mejor comprensión del proceso judicial y de sus consecuencias….

(Para leer el texto completo de esta reseña, publicada en Anuario de Estudios Americanos, 69 (1),  haga click aquí)

Entre la turbamulta de noticias que aparecen y desaparecen brevemente en nuestra prensa periódica hubo una que me llamó  la atención: el proyecto de arqueólogos cubanos de estudiar el origen de los llamados “indios feroces”, que vivieron en la Vuelta Abajo, provincia de Pinar del Río. El director del proyecto, Jorge Freddy Ramírez, refirió a Prensa Latina que eran “un temido grupo, protagonistas de asaltos y asesinatos por la región, eran chichimecos, tribus conocidas por sus atroces crímenes”,  aunados con guachinangos, también originarios de México, y esclavos fugitivos. Fueron perseguidos por las autoridades españolas entre 1802 y 1804 en razón de los estragos que cometían en las haciendas de la zona. .

El asunto no es nuevo en la historiografía cubana. Había sido citado anteriormente por Pablo J. Hernández González, y la nota periodística se refiere a las investigaciones realizadas por el fallecido historiador Armando Abreu, autor de un libro que al parecer será próximamente publicado.

Desde luego, es difícil hacerse una idea cabal de este proyecto en la brevedad de una nota, pero el tema  tiene un obvio interés para los historiadores del México colonial.  En efecto, Guachinango o Huauchinango (el nombre actual, con una “u” antes de la ch), fue en el siglo XVI una importante  población en lo que hoy es el Estado de Puebla. Históricamente, tuvo vinculación con el Golfo (su alcaldía mayor  llegaba hasta la costa, y hacia el norte abarcaba parte de la Huasteca). Esta última región fue, en los primeros años coloniales, parte de la gobernación del Pánuco, y su gobernador, el nefasto Nuño Beltrán de Guzmán, a falta de otra fuente de riqueza más asequible se dedicó a la cacería de indios que vendía como esclavos en Cuba. Como mostró el mayor estudioso del tema, Silvio Zavala, la tarifa oficial era de 15 indios por un caballo. Es posible que por alguna razón se les llamara “guachinangos” a estos esclavos y el nombre perdurara en el tiempo.

El caso de los “chichimecas” cubanos es otro asunto muy distinto. La voz tuvo en la época prehispánica varias acepciones; por ejemplo, varios de los importantes señoríos mesoamericanos (como los texcocanos o michoacanos), con complejas culturas y grandes ciudades, reclamaban un pasado “chichimeca”. En la colonia, sin embargo, esta acepción desapareció prontamente, y solo subsistió la voz para designar a los grupos que habitaban la frontera norte cercana (donde después estarían San Luis Potosí, Querétaro, Jalisco, Guanajuato) que eran agricultores ocasionales, cazadores y recolectores, y cuya organización social no pasaba de familias extensas.

La Gran Chichimeca, según Powell

La Gran Chichimeca, según Powell

Estos grupos (guamares, guachichiles, tecuexes y zacatecos, entre otros) realizaron una exitosa resistencia contra los españoles en la segunda mitad del siglo XVI, como dejó en claro Philip W. Powell. Muchos fueron esclavizados en represalia, pero hasta donde me consta no hubo remitidos a Cuba.

Mucho tiempo después, cuando los ingleses tomaron La Habana, en 1762, la Corona decidió reforzar las fortificaciones isleñas. Muchos presos por distintos delitos que antes eran remitidos a San Juan de Ulúa o Campeche fueron desde entonces enviados a La Habana para trabajar en las obras defensivas. La medida abarcó también a muchos indios de la nueva frontera norte (como apaches y comanches), en ambas márgenes del río Grande. Se les llamaba “indios bárbaros”, y algunos fueron enviados a Cuba; no eran esclavos sino sentenciados a trabajos forzados, aunque en la práctica no hubiese mucha diferencia. Por lo visto, en la isla se les adjudicó el antiguo nombre de “chichimecos”, que estrictamente hablando no les correspondía.

Una última observación tiene que ver con el carácter “feroz” y los crímenes “atroces” cometidos por estos grupos. No dudo que las autoridades españoles, e incluso los colonos cubanos y sus descendientes sufrieran y detestaran la violencias de estas bandas. Pero en último término, lo que estaban haciendo era una defensa desesperada de su libertad ante una sociedad que no les daba ninguna opción aceptable de integración. La historiografía cubana ha abordado bien y puesto en adecuado contexto los levantamientos de negros cimarrones; una aproximación parecida para los “indios feroces” sería de gran interés para este caso.

Felipe Castro Gutiérrez, sobre

Tomás Jalpa Flores,  La sociedad indígena en la región de Chalco durante los siglos XVI y XVII, México,  CONACULTA – INAH,  2009,  493 p.

La historia de Chalco siempre ha atraído el interés y la imaginación de los historiadores. Hay buenas razones, porque fue el asiento de importantes señoríos prehispánicos, con una población numerosa y étnicamente heterogénea; presenció posteriormente el arribo y tránsito de Hernán Cortés y sus hombres, y fue donde muy pronto se desarrolló la economía española y las haciendas que convirtieron la región en el granero de la capital virreinal. Muchas obras se habían ocupado incidentalmente de Chalco, pero realmente nos hacía una falta un estudio exacto y minucioso, como el que ahora presenta Tomás Jalpa Flores.

Publicado en Estudios de Historia Novohispana, no. 45. Para leer el texto completo, haga click aquí